Tras su paso por el festival de series de Cannes llega a Movistar Plus los seis episodios que componen la primera temporada (a la espera de que se anuncie una segunda) de Se tiene que morir mucha gente, basada en la novela homónima de Victoria Martín. Una serie de comedia gamberra, con cierto poso dramático en lo que se cuenta, que es raro que deje indiferente a nadie ya que tiene un ritmo impecable y un humor muy ácido. 6 capítulos de menos de 30 minutos que se devoran de una tacada, y nos dejan con ganas de más. Anna Castillo (Mi querida señorita (2026)), Macarena García (Un hijo), Laura Weissmahr (Yo no moriré de amor) y la joven Sofía Otero (Los aitas) son el cuarteto protagonista de esta historia de amistad, con un embarazo de por medio, y muchas drogas con receta.
Tres amigas del colegio se reúnen para la fiesta de revelación del sexo del bebé que espera una de ellas. Esta es la premisa de Se tiene que morir mucha gente. Pero si añadimos que una de ellas está todo el día empastillada y tiene como alter ego a su yo de la infancia, otra es una actriz que trabaja de camarera y sale con una influencer, y la embarazada está casada con un señor que le triplica la edad y se fuga de casa, la locura está servida. Todo este cocktail ofrece momentos tremendamente divertidos, pero tras ellos, y si lo pensamos fríamente, se encuentra un relato generacional que desprende mucho drama (compartir piso, trabajos no reconfortantes, parejas tóxicas, sueños, soledad, ansiedad…).
Se tiene que morir mucha gente está muy bien resulta. Sus episodios pasan volando y dejan con ganas de más. Tiene un ritmo impecable, y su dirección está a la altura. Pocos exteriores, una planificación al servicio de sus tres protagonistas, y un uso de la música y los sonidos muy precioso para no ocultar un discurso y una batería de chistes gamberros que dejarán ojipláticos a más de uno (atentos la comparativas de Bertín Osborne, la Reina Sofía o Malala). El recurso de “insertar” a Sofía Otero en grandes momentos es magnífico, hay que destacar aquel con la doctora, y todos aquellos donde insulta con desprecio (son muchos) al resto de personajes.
La química que han creado las tres protagonistas es magnífica. De todos es conocida la amistad entre Castillo y García, y eso se nota en cada minuto de pantalla. Y han hecho partícipe de ese juego a la imponente de Weissmahr. Castillo y sus remates son dignos de aplauso, García y sus tontunas, y sus “gordí”, retratan muy bien la parte pija de su personaje, y Weissmahr es quien representa a la más centrada dentro del grupo sin ser un claro ejemplo de ello. Pero sin lugar a dudas, quien se va a llevar la simpatía del público desde su primera escena es la joven Otero. Oírla decir recitar barbaridades es pura poesía.
En resumen, como todo lo que toca Victoria Martín, Se tiene que morir mucha gente va a ser un éxito, y merecido. Estamos ante una serie irreverente, mordaz, divertida, y con mucha crítica social de fondo. Es un retrato generacional muy divertido y duro. Esperemos que haya más entregas.


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