Los denominados blockbusters veraniegos comenzaron en 1975, concretamente con el estreno de Tiburón, una de las grandes obras maestras del terror y de Steven Spielberg (Los Fabelman). Y desde entonces creo que no hemos tenido un año donde una película de tiburones no se haya estrenado en la época estival, dando muchas veces menos alegrías de las que podríamos esperar. Muchas de estas cintas no pasan de mero pasatiempo, muchas de ellas son horribles y ninguna ha conseguido alcanzar nunca a la obra de Spielberg en calidad. Creo firmemente que una de las mejores cintas de tiburones que hemos tenido en los últimos años es Infierno azul, de Jaume Collet-Serra (La mujer de las sombras), pero esta se estrenó en 2016 y desde entonces creo que no hemos tenido otra cinta de tiburones que pudiera estar entre las mejores. Dangerous Animals, presentada en la pasada edición de Cannes, consigue en parte ser una cinta complemente veraniega, divertida y que le da un giro a las cintas de tiburones que consigue convencer sin necesidad de ser una gran película, simplemente dando al espectador lo que espera de una cinta así. Sean Byrne (The loved ones (Cita de sangre)) consigue una cinta sangrienta, violenta y llena de momentos increíbles que harán pasar al espectador un muy buen rato.
Dangerous animals revoluciona un poco el género de tiburones por no colocar al escualo como enemigo principal de la cinta o los seres más peligrosos, sino que son una simple excusa para el verdadero enemigo de la cinta, el ser humano. Porque Dangerous Animals tiene ese giro donde un asesino en serie secuestra personas y las graba mientras los tiburones se las comen, haciendo una especie de Tesis, la obra maestra de Alejandro Amenábar (Mientras dure la guerra), donde se secuestran personas para grabar cintas snuff. Y es que este giro consigue convencer y hacer mucho más llevadero una nueva cinta de tiburones que, siendo sinceros, ya comienzan a perder la cordura y no saber muy bien que nuevo inventar. Y claro, ante esto, la cinta se convierte en un festival de sangre y violencia que conseguirán levantar los aplausos de lo espectadores, pues una cinta que no engaña a nadie y da al espectador todo aquello que pide: Tiburones, sangre, protagonistas sexis y una buena dosis de situaciones inverosímiles ¿Para qué queremos más en una cinta que se presenta en la época estival y nos regala semejante festival?
Sean Byrne realiza un buen trabajo tras las cámaras y nos coloca siempre en donde ocurre la acción sin cortar nada de lo que tenemos que ver. También es muy inteligente de juntarse de actores más o menos desconocidos para dar vida a los papeles principales. Destaca, por encima de todos, Hassie Harrison (Yellowstone) que se convierte rápidamente en la reina de la función. La actriz americana resulta convincente como la chica fuerte que hace frente a todas las adversidades que se le presentan, siendo una auténtica heroína. También tenemos al joven Joshua Heuston (Thor: Love and Thunder), al que ya pudimos ver en Dune: La profecía, que cumple sin más como el otro guapo de la función. Pero sin duda, el otro gran aliciente de la cinta es ver a Jai Courtney (Érase una vez el oeste), actor que parecía destinado a algo realmente grande, pero que se quedó en tierra de nadie con cintas como Escuadrón Suicida o La jungla: Un buen día para morir. Aquí se come la pantalla en cada aparición siendo otro de los grandes atractivos de la cinta y siendo un malo muy malo. En definitiva, que los actores desconocidos consiguen hacer que la cinta gane en intensidad y en mostrar cosas que, posiblemente, con otros nombres no se hubiera podido.
En definitiva, Dangerous Animals no busca revolucionar el cine ni cambiar nuestra percepción sobre los tiburones, pero sí consigue ser una experiencia adrenalínica y entretenida que sabe exprimir al máximo los recursos del género. Es una película que entiende perfectamente a su público y le ofrece justo lo que anhela: tensión, risas nerviosas y un espectáculo desmesurado bajo el sol de verano. Porque a veces, lo único que necesitamos es sentarnos frente a la pantalla, dejar que la lógica se disuelva entre olas de sangre ficticia, y disfrutar de una cinta donde no hay espacio para el aburrimiento. Y en eso, Dangerous Animals cumple con creces, recordándonos que, aunque los tiburones sigan nadando en la taquilla, aún queda espacio para propuestas inesperadas y giros refrescantes.


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