Voy a pasármelo mejor: Mejor… imposible. ¿O tal vez sí?

Cuando algo funciona, ¿por qué no repetir? Voy a pasármelo bien fue todo un éxito convirtiéndose en un fenómeno que casi nadie esperaba: una película que combinaba comedia, ternura, emotividad de la buena, niños y los Hombres G. Todo podía salir mal, pero sucedió todo lo contrario: David Serrano (Tenemos que hablar) dio con las teclas adecuadas y creó una obra única e insuperable. Su secuela Voy a pasármelo mejor ha sido dirigida esta vez por Ana de Alva, siendo su ópera prima, y de nuevo con David Serrano a cargo del guión junto a la actriz y guionista Luz Cipriota (Élite). Y sí, lo han vuelto a hacer: magia, música, comedia y mucha ternura.

Rodrigo Díaz, Izan Fernández, Javier García y Rodrigo Gibaja en Voy a pasármelo mejor

Rodrigo Díaz, Izan Fernández, Javier García y Rodrigo Gibaja en Voy a pasármelo mejor

Mantener la frescura y originalidad de una primera parte no es nada fácil. Más bien el intento de recrear esa magia puede desembocar en una fallida copia con gags repetidos y forzados (y que ya hemos sufrido en múltiples segundas partes). Sin embargo, en Voy a pasármelo mejor volvemos a ese universo único lleno de música, situaciones y diálogos desternillantes y niños ya algo más creciditos (y aquí viene lo más importante) y que no han perdido ese toque que los hacía tan especiales en la primera parte (no olvidemos el temido efecto Dakota Fanning). En efecto, sus actores Izan Fernández (Invisible), Rodrigo Gibaja (La vida breve), Rodrigo Díaz (Zasback) y Michel Herráiz (La novia gitana) siguen siendo unos perfectos roba escenas y el espectador no tendrá más remedio que enamorarse de sus personajes y seguirles la pista en siguientes proyectos. Llevan el peso de la película y en ningún momento se echa en falta una parte más adulta que sí funcionaba en Voy a pasármelo bien. Cabe hacer especial mención al actor Javier García (Padre no hay más uno 5: Nido repleto) (impagable su momento Chimo Bayo) así como a la actuación de Alba Planas (La virgen roja) que desprende luz en cada plano.

A pesar de estar ante una obra fresca y totalmente efectiva, las comparaciones a veces son inevitables y sí se echa tal vez de menos algo la emotividad que desprendía de manera brillante la primera parte y que hizo que todos sacáramos los kleenex sin excepción alguna. En Voy a pasármelo mejor se opta más por subtramas sencillas y tal vez menos elaboradas, aunque sin generar rechazo en ningún momento. Pero simplemente no es lo mismo. Y lo mejor de todo es que quizás tampoco lo pretendiera.

Izan Fernández y Renata Hermida Richards en Voy a pasármelo mejor

Izan Fernández y Renata Hermida Richards en Voy a pasármelo mejor

Esta segunda parte vuelve a maravillar al público con la carta de la nostalgia gracias a los detalles de la época y sobre todo de la mano de los mejores gags, como por ejemplo esas escenas en las que se refleja la absoluta falta de comprensión del inglés de generaciones anteriores, y que son sin duda de lo mejor de la película.

Voy a pasármelo mejor es una secuela que, aunque tal vez no llegue a causar el mismo impacto que la primera película, funciona a la perfección, vuelve a enamorar al público con sus personajes adorables y únicos, sus números musicales perfectamente dirigidos, con un guion notable, y que logra el impulso de escena a escena, y con unas actuaciones absolutamente brillantes.

Lo mejor: El manejo de la comedia y las actuaciones de los adolescentes.

Lo peor: Compararla con su predecesora.

Puntuación: 8/10

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