Viva la libertà: La política también puede hacer reír

Acostumbrados como estamos a las absurdeces diarias de nuestros políticos, una película como Viva la libertà tiene un enorme terreno ganado ya sólo con su planteamiento de burla inteligente a ese mundo. El líder de la oposición italiana, cansado de las críticas furibundas que recibe incluso desde dentro de sus filas decide desaparecer sin decírselo más que a su principal asesor, y éste, desesperado porque su ausencia no haga más que ahondar en la crisis del partido, decide colocar en su lugar a un hermano gemelo con el que su jefe no habla desde hace 25 años y que, para colmo, sufre un trastorno bipolar. Con la política también se puede hacer reír, y eso que la película de Roberto Andò (El manuscrito del príncipe) consigue, aunque su arranque no es ni mucho menos el de una comedia.

Toni Servillo en Viva la libertà

Toni Servillo en Viva la libertà

La película, de hecho, no deja de moverse entre dos caminos muy diferentes. El político es el que provoca las carcajadas. El gemelo que se queda como dirigente del partido emplea un discurso radicalmente diferente, sincero y sarcástico. En una palabra y en los tiempos que corren, revolucionario. Pero también alocado en un sentido inteligente, y eso se agradece. Porque sin necesidad de caer en escenas absurdas o inverosímiles, muestra un lado de la política, el que tiene lugar de puertas hacia dentro, que da para espléndidas secuencias cómicas (la reunión con el presidente italiano o el encuentro con la canciller alemana). Pero hay otro lado en la película, que en realidad es poco a poco el que se va imponiendo, y es el personal, a demás afectando a los dos personajes que tan brillantemente interpreta Toni Servillo, el actor que mucha gente conoció en La gran belleza.

El trabajo de Servillo da a la película una categoría mayor incluso de la que deja su espléndido guión y sus escenas más destacadas. No es nada fácil hacer frente a una película en la que hay que interpretar a dos personajes, y mucho menos cuando ambos tienen una hermosa evolución (aunque uno de ellos parezca menos cambiante, la última escena, sencillamente genial, lo desmiente). Y sobre todo es un personaje doble que crece porque Andò, con mucho criterio, no se detiene en él. Su asesor, interpretado por Valerio Mastandrea (El comandante y la cigüeña), o la mujer que le da refugio en su huida y le devuelve a tiempos más felices, con el rostro y la voz de Valeria Bruni Tedeschi (Munich), son dos muestras de la enorme riqueza emocional que hay junto a la parodia política.

Anna Bonaiuto en Viva la libertà

Anna Bonaiuto en Viva la libertà

En el fondo, Viva la libertà habla precisamente de lo que indica su título, de libertad, de cumplir sueños, de hacer aquello que produce felicidad. No es una película política en sentido estricto, ni una versión a la italiana de Dave, presidente por un día, filme que dirigió Ivan Reitman (Los cazafantasmas) en 1993 con Kevin Kline (Plan en Las Vegas) en el doble papel. Andò no se deja llevar por la comedia absurda, sino que coloca a un personaje que sí roza el absurdo en una situación absolutamente realista. Importan más los personajes que la política y la buena distribución de la información que va rellenando los huecos hace que la historia vaya ganando en simpatía a cada escena, incluso a costa de perder algo de ambición en el terreno político en el último tercio del metraje. Pero la sensación de estar viendo una película emocionante, bonita y, por qué no, profunda, no se va en ningún momento.

Puntuación: 7 /10

Ficha artística y técnica

Italia. Dirección: Roberto Andò. Interpretes: Toni Servillo (Enrico Oliveri / Giovanni Ernani), Valerio Mastandrea (Andrea Bottini), Valeria Bruni Tedeschi (Danielle), Michela Cescon (Anna), Anna Bonaiuto (Evelina), Gianrico Tedeschi (Furlan), Eric Nguyen (Mung), Andrea Renzi (De Bellis), Judith Davis (Mara). Guion: Roberto Andò y Angelo Pasquini; basado en la novela de Roberto Andò. Producción: Angelo Barbagallo. Fotografía: Maurizio Calvesi. Montaje: Clelio Benevento. Diseño de producción: Giovanni Carluccio. Vestuario: Lina Nerli Taviani.

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