Verano 1993: El VHS del recuerdo

Verano 1993 puede ser una buena película. Puede que retrate la infancia ante un momento trágico de la mejor forma posible. Pero todo parece que ha sido sacado de ese cajón de viejas cintas VHS donde tenemos guardados nuestros vídeos de los veranos, aquellos que cuando nos entra la nostalgia, o queremos ponernos en ridículo con los amigos, ponemos en nuestro viejo reproductor. Esa es la sensación general que genera Verano 1993. No quiero decir con esto que sea mala película, nada de eso, simplemente que la cinta no movió en mí ninguna de las sensaciones que quiere trasmitir al espectador. Otros pueden tenerlas, pero creo que Carla Simón quiere ser algo más melodramática de lo que debería. Al final Verano 1993 quedará siendo eso, una vinta de VHS que teníamos olvidada en nuestras estanterías.

Bruna Cusí y David Verdaguer en Verano 1993

Bruna Cusí y David Verdaguer en Verano 1993

Todos hemos pasado un momento en la vida doloroso, en especial cuando somos pequeños, todos hemos hecho como que aquello a lo mejor no nos afectaba, pero en el fondo teníamos un nudo en el estómago que no podíamos soltar. Y Carla Simón lo vivió. Verano 1993 es autobiográfica y eso se nota. Se nota en lo cuidado de los planos, de las frases que dicen los personajes y en esa niña protagonista, Laia Artigas, que hace que los sentimientos de Carla Simón se trasladen a nosotros. Y en parte de la película lo consigue, pero al final, tantas vueltas a lo mismo, termina por cansar y no contar nada más allá que el verano que pasó esta niña ante el dolor de la pérdida de un ser querido. Si quitamos eso, Verano 1993 simplemente se queda en un bonito semi documental sobre un verano cualquiera en la vida de cualquier persona.

Carla Simón si que consigue algo realmente bueno que es la naturalidad de la cinta. Sus planos, sus intenciones con la cámara no son más que vehículos para mostrarnos la naturalidad con la que los personajes se mueven por la pantalla. En ningún momento quiere dejar constancia de que ella está allí, si no que coloca la cámara y deja que lo que ocurre dentro de ella sea natural, sea como lo hubiéramos vivido cada uno de nosotros. Y eso hace que la cinta gane algo. Creo que conseguir la naturalidad en una cinta es algo complicado hoy en día, con películas llenas de efectos todo parece tan artificial que asusta, pero Carla Simón consigue en su primera película que todo se vea natural. Y eso también tiene que ver con los actores que ha escogido para los papeles. David Verdaguer (No kulpes al karma de lo que te pasa por gilipollas) y Bruna Cusí (Incierta Gloria) son los dos protagonistas, adultos, de la cinta. Y consiguen algo increíble, hacernos creer que parecen una pareja de verdad y lo hacen realmente fácil. Y luego están ellas, Paula Robles y Laia Artigas, las auténticas protagonistas y que se comen todo lo que tienen delante.

Paula Robles y Laia Artigas en Verano 1993

Paula Robles y Laia Artigas en Verano 1993

Pero Verano 1993 es un poco decepción. Esperaba demasiado de ella, quizás mucho, y es por eso que al enfrentarme a ella no vi nada más allá de la naturalidad que la hacen especial, ya que el resto es un vídeo de aquellos VHS que teníamos olvidados en un armario de nuestra casa. Interpretaciones y dirección muy bien, contenido pobre para lo que se quiere terminar por contar.

Lo mejor: Las niñas y la naturalidad que trasmite.

Lo peor: Da la sensación de ser un VHS de nuestros veranos.

Puntuación: 5/10

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This