Todos queremos algo: Aquellas juergas universitarias

Hay que decir que Richard Linklater (Bernie) tiene una de las mejores trilogías de la historia del cine, que no es otra que Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer. También tiene otra grandes películas como Movida del 76 o Fast Food Nation. Y después se hizo mundialmente conocido para todo el público gracias a Boyhood (Relatos de una vida), una cinta que tardó en rodarse 12 años y relataba la historia de una familia ficticia durante todos esos años. Dejando de lado si estaba sobrevalorada o no, Boyhood puso en boca de todos a Linklater, que ahora regresa con una pequeña película sobre la vida universitaria de los años 80 en EE. UU llamada Todos queremos algo, y lo cierto es que la película engancha, emociona y se convierte en una pequeña joya de esas que aparecen de poco en poco. Richard Linklater vuelve a sus raíces y triunfa.

Temple Baker, Ryan Guzman y Blake Jenner en Todos queremos algo

Temple Baker, Ryan Guzman y Blake Jenner en Todos queremos algo

Todos queremos algo es una cinta que relata una etapa en la vida y una forma de ver la misma. Desde su inicio con el mítico My Sharona de The Knack, la cinta es un recorrido por la etapa pre universitaria centrada en un equipo de Béisbol que se concentran para preparar la temporada universitaria, así como iniciar la vida en el campus. Linklater desarrolla la historia a través de las fiestas, diálogos y situaciones que se vivían en esos años. Decir que es autobiográfica es aventurarse demasiado, pero seguro que el director vivió algo así en su época de estudiante. Ir de fiesta, ligar con las chicas y vestir pantalones de campana estaba a la orden del día, y la forma tan natural y cercana con la que Linklater se acerca al tema es magistral. Aquí no le interesa el conflicto que pueda surgir entre los chicos (salvo con uno, que pone de los nervios incluso al espectador), él solo quiere mostrar la vida como se desarrollaba en aquella época.

Lo fácil, quizás, hubiera sido meter una historia de amor desde el principio. Pero no. Linklater introduce una historia de amor casi al final de la misma, aunque la establece al principio. Él únicamente quiere que veamos esa etapa de la vida, que empaticemos con sus personajes y que salgamos diciendo: Sexo, Rock & Roll y pantalones de campana. Y lo consigue con creces. Rápidamente empatizamos con los personajes, con todos ellos. Porque todos están tan bien definidos y planteados que con sólo verles una vez ya sabemos que piensan o cómo actúan. Quizás nuestro protagonista sea el menos interesante, pero es que la gama de sujetos es tanta que tenemos donde elegir. La estrella de la función es Glen Powell (Los mercenarios 3), que realiza un papel magistral. Sus apariciones son oro puro y no decepciona nunca. Y la chica, Zoey Deutch (Vampire Academy), que es una belleza sin igual.

Blake Jenner y Zoey Deutch en Todos queremos algo

Blake Jenner y Zoey Deutch en Todos queremos algo

Richard Linklater regresa a sus orígenes y nos regala una película mágica, que está más interesada en contarnos la historia de unos personajes increíbles que en poner conflicto tras conflicto. Recuerda en muchos casos a su trilogía de Antes de… pero no tiene nada que ver. Es una de esas joyas que aparecen cada poco tiempo y que merece ser vista y degustada lentamente y con los ojos abiertos. Una maravilla.

Lo mejor: La historia, los personajes y la BSO.

Lo peor: Se hace muy corta.

Puntuación: 9/10

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