T2 Trainspotting: Consecuente madurez

Elige que se apaguen las luces de la sala. Elige una canción de tu reproductor. Elige que esa canción sea Shotgun Mouthwash de High Contrast. Elige que todo empiece con una cinta de correr en un gimnasio al que nadie le importa. Elige ver que ha sido de Renton, Sick Boy, Franco y Spud. Elige T2 Trainspotting. Elige alguna forma de comunicarle a todo el mundo que es una secuela que merece la pena. Elige a tu acompañante para disfrutarla. Elige vida. T2 Trainspotting no es simplemente una continuación perfecta de aquella cinta de culto de los 90, es también una forma de decir que tiempos pasados fueron mejores, que la edad avanza y que por mucho que lo intentemos jamás volveremos a ser aquellos locos que se pasaban la vida drogándose y robando. T2 Trainspotting es consecuente con el paso del tiempo, deja un poso de nostalgia muy bueno y consigue que sus personajes respiren otra vida, otra forma de ver el mundo. La madurez hecha película.

Jonny Lee Miller y Ewan McGregor en T2 Trainspotting

Jonny Lee Miller y Ewan McGregor en T2 Trainspotting

Seguramente la infinidad de fans que tenga Trainspotting tengan miedo de volver a encontrarse, 20 años después, a sus queridos personajes. También, los que no son fans, tengan reticencias para acercarse al cine y pagar su entrada. Pero todos ellos saldrán satisfechos del trabajo de Danny Boyle (Steve Jobs) e incluso verán que, aunque nada es necesario, es una secuela que consigue dejar a cada personaje en su lugar, allí donde merece estar. T2 Trainspotting sabe en todo momento que no va a ser tan rompedora como su antecesora, que se estrenó en una época propicia, que consiguió abrir mentalidades y mostró el Reino Unido de los 90. Ahora, veinte años después, todo ha cambiado. Ya no somos jóvenes, ya no buscamos en todo momento estar en las nubes, tenemos trabajos, responsabilidades, familia y poco dinero. Ahora buscamos salir adelante como podamos, incluso intentando rememorar tiempos pasados (la secuencia del bar irlandés es de aplauso continuo), pero todo ello lleva a saber que nada volverá a ser como antes.

Danny Boyle intenta que su historia sea una reunión de esos personajes que tenían que volver a encontrarse en algún momento de su vida. Y lo hace con una historia donde mezcla nostalgia con novedades. Tiene un toque menos cómico que su antecesora y se convierte en una cinta, en muchos casos, que roza un nivel de drama al que no se estaba preparado. Y es en esos momentos donde se ve la madurez. Los personajes sufren por sus problemas, empatizamos con ellos porque en el fondo sabemos lo que es madurar, lo que es dejar atrás las locuras que se hacían en el pasado y, aunque muchas veces queramos rememorarlas, no es lo mismo. Ewan McGregor (Renton) (La venganza de Jane) quiere solucionar sus problemas, aunque eso conlleve acabar en un ataúd. Robert Carlyle (Franco) (La leyenda de Barney Thompson) quiere su venganza, no dejar atrás el pasado y seguir siendo aquel de hace veinte años. Jonny Lee Miller (Byzantium) es el encargado de un bar al que no va nadie, y que sigue esperando a Renton para pedirle explicaciones a golpe de puño. Y Ewen Bremmer (Exodus: Dioses y Reyes) madura tanto que incluso pensamos que Spud no es el mismo Spud.

Robert Carlyle en T2 Trainspotting

Robert Carlyle en T2 Trainspotting

T2 Trainspotting es una continuación que quizás no fuera necesaria pero que cumple con creces, terminando por convertirse en una continuación necesaria. Tiene su dosis necesaria de nostalgia, pero sabe contar una historia de madurez y dejar el pasado atrás sin olvidarse de él. Danny Boyle sale airoso de una secuela que se presentaba difícil. Ojalá muchas secuelas fueran igual de buenas que esta T2 Trainspotting.

Lo mejor: No recurre a la nostalgia fácil para gustar.

Lo peor: Que no es tan impactante como la primera.

Puntuación: 7/10

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