Se dice pronto que Super Mario cumple 40 años en nuestras vidas. 40 años enseñando al mundo a jugar videojuegos, revolucionar las plataformas y demostrar como se desarrollan videojuegos que siempre tienen algo que enseñar. Y el plato principal de este cumpleaños es esta Super Mario Galaxy: La película. Antes de entrar en materia sobre que nos ofrece está nueva entrega de las aventuras del fontanero más famoso del mundo, hay que saber donde estamos y a que nos enfrentamos. Desde hace un tiempo la crítica cinematográfica no sabe separar muy bien los diferentes productos a los que nos enfrentamos en una sala de cine y donde parece que todo tiene que ser increíble o la mejor película jamás filmada, dejando de lado por completo su componente de creación. Super Mario Galaxy: La película no puede ser comparada con películas de grandes creadores como Truffaut o Hitchcock (algo que he estado leyendo estos días) porque su función no es cambiar la vida o cambiar el cine para siempre, su función principal es entretener durante una hora y media a un publico que solo espera ver acción, buena animación, cameos sin parar de personajes de Nintendo y el aliciente suficiente para esperar una tercera entrega del personaje. Pero quienes busquen algo más allá de eso van a salir completamente devastados.
Ahora vamos a ser sinceros completamente, Super Mario Galaxy: La película es una cinta que se sostiene en el carisma de sus personajes, en la animación y en la indecente cantidad de personajes de Nintendo que salen por minuto. Es una cinta que basa todo en una sucesión sin parar de escenas de acción, de escenas donde aparece algún cameo y escenas donde las luces están a la orden del día. Como película narrativa es bastante pobre, por no decir que no tiene un argumento más allá de ir metiendo a los personajes en diferentes situaciones, que salgan de ella y vuelvan otra vez a la siguiente escena de acción. Es muy justa como película porque no tenemos un desarrollo de personajes como debería ser, no tenemos una trama realmente emocionante y su componente dramático nos da un poco igual. Y es normal poder destrozarla por ahí, incluso si queréis también se puede hacer como adaptación de uno de los mejores juegos de Super Mario, del que toma el nombre, ciertos elementos y a otra cosa. Pero dejando esto ya solventado, como entretenimiento es una muestra más que se puede conseguir uniendo perfectamente ciertas piezas y consiguiendo que el publico no quite ni una sola vez la vista de la pantalla. Es cierto que la sobre estimulación funciona por abrasión aquí pues en todo momento están pasando cosas.
La primera entrega si que tenía un componente algo más narrativo contando como Bowser quería secuestrar a la Princesa Peach para casarse con ella, aquí la cosa cambia con la historia de como Bowsy, el hijo de Bowser, quiere secuestrar a Estela para poner en funcionamiento un arma de destrucción a la vez que salva a su padre. La excusa de adaptar Galaxy es para mover a los personajes de un lado a otro de manera constante, mostrar nuevos mundos y llenarlo todo de referencias que funcionan a las mil maravillas. Las apariciones de Yoshi y Fox McCloud son increíbles y consiguen levantar la cinta. También ayuda el factor nostalgia con la banda sonora de temas clásicos de los juegos y la unión, en muchos momentos, de elementos 3D junto con otros en 8bit, transportando al espectador a un lugar de su memoria que, seguramente, es difícil de olvidar. Quizás lo que menos compre de todo es como tratan a Bowser aquí, dejándolo de un villano de pacotilla y no convertirlo en el autentico villano de la función que siempre ha sido. Peach es la reina de la función y Estela tiene pocas apariciones, pero funciona a las mil maravillas.
En definitiva, Super Mario Galaxy: La película es un homenaje constante a la historia y universo de Nintendo. No busca en ningún momento convertirse en algo memorable, pero cumple a la perfección su cometido que es entretener, llenar de nostalgia y sorprender con cada aparición de personajes clásicos. Así, aunque su punto más flojo sea lo narrativo, resulta difícil apartar la mirada de la pantalla y no dejarse llevar por la magia que ha acompañado a Mario durante cuatro décadas. Para los fans, es un regalo, para los demás, una experiencia vibrante y llena de ritmo que demuestra que, a veces, solo hay que dejarse llevar y disfrutar del espectáculo.


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