St. Vincent: No necesito oír toda la historia

Cada año por estas fechas llegan a la cartelera películas con opción a premios, St. Vincent es un claro ejemplo de ello. Un dirección correcta, unos actores en estado de gracia, y una trillada historia que funciona, son los ingredientes de esta comedia dramática altamente recomendable. Bill Murray (Monuments men) reclama, a voces, su segunda nominación al Oscar.

Jaeden Lieberher y Bill Murray en St. Vincent

Jaeden Lieberher y Bill Murray en St. Vincent

Un viejo cascarrabias, vicioso y putero, debe ejercer de “canguro” del hijo de su vecina. El chaval, que vive el proceso de divorcio de sus padres, espabilará gracias al “mal hacer” de este cuidador tan especial. El guión funciona de maravilla, no tiene altibajos y tiene una estructura ejemplar, a pesar de no rematar ciertas tramas, como la que inmiscuye al personaje interpretado por Terrence Howard (El mayordomo) . Tras la presentación del personaje, se comienza a introducir el leitmotiv de la película a través de la figura del niño, y que da lugar a tan celestial titulo. Algo interesante que demuestra como ciertas formulas siguen funcionando. El final, muy de esperar, es de esos que tanto gustan al gran publico, por el buen rollo que desprende y el excelente boca a oreja que genera. Estas sensaciones augura una buena recepción de la cinta.

Theodore Melfi debuta en el mundo del largometraje escribiendo y dirigiendo St. Vincent. El tipo sabe sacarle bastante partido a las situaciones y especialmente a los actores, no solo a Murray, sino también al niño que le acompaña y a las actrices secundarias. Cada momento del Murray en el bar o del niño en la clase con el cura son pequeños sketches que funcionan independiente gracias al ritmo que Melfi les proporciona. Sin duda estamos antes un director a tener en cuenta en el futuro.

Bill Murray y Naomi Watts en St. Vincent

Bill Murray y Naomi Watts en St. Vincent

St. Vincent es Bill Murray, eso esta muy claro. La cinta es un lucimiento del actor, constante, solo él es capaz de cantarse un tema de Bob Dylan en plano fijo, no aburrirnos, y que lo veamos completo, pues forma parte de los créditos finales. Pero a diferencia de otras cintas donde la gran interpretación del protagonista eclipsa al resto de reparto, aquí no sucede eso. El niño debutante, Jaeden Lieberher, es capaz de plantarle cara a Murray sin ningún problema e interactuar con el resto de actores haciendose un gran hueco, y no solo porque sea un “niño muy rico”. Naomi Watts (Diana) aclara que tiene una gran dote para la comedia interpretando a una prostituta rusa embaraza. Hay que reconocer que Melfi ha compuesto unos personajes entrañables pero muy bizarros. Por otro lado, Melissa McCarthy (R3sacón) demuestra que puede hacer drama y convencer. Aquí deja de lado los chistes de “sal gorda” para componer un madre divorciada preocupada por sacar a su hijo adelante. Mención especial para Chris O’Dowd (Si fuera fácil) y su interpretación de cura moderno, sin duda otra de las grandes bazas de St. Vincent.

En resumen, St. Vincent tiene cierto aroma a prefabricado, que no tiene por que ser malo, eso es quizá lo que haga que funcione estupendamente. Consigue que pasemos un rato divertido, nos emocionemos, y además, todo ello este bien hecho. ¿qué más podemos pedir?

Lo mejor: Bill Murray

Lo peor: Algunas resoluciones de guión, pero perdonables por su conjunto.

Puntuación: 9/10

Ficha artística y técnica

USA. Dirección y guion: Theodore Melfi. Interpretes: Bill Murray (Vincent), Melissa McCarthy (Maggie), Naomi Watts (Daka), Chris O’Dowd (Geraghty), Terrence Howard (Zucko), Jaeden Lieberher (Oliver). Producción: Peter Chernin, Theodore Melfi, Fred Ross y Jenno Topping. Música: Theodore Shapiro. Fotografía: John Lindley. Montaje: Sarah Flack y Peter Teschner. Diseño de producción: Inbal Weinberg. Vestuario: Kasia Walicka-Maimone.

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