Robinson, una aventura tropical: Trópico sin aventura

El actual liderazgo en el cine familiar de la animación generada por ordenador ha motivado un fenómeno de lo más peculiar. Como en una reunión en la que se juegan mucho y tienen algo que decir todos los participantes, parece que cada país debe hacerse notar en este mercado. Y es que la cuota reservada en las taquillas de medio mundo para este tipo de cine garantiza el éxito si se respetan ciertas fórmulas, sin necesidad de grandes alardes técnicos ni riesgos económicos. De ahí que en algún momento decidan dar el paso esas productoras tan resultonas que empiezan a despuntar, ofreciendo un producto, como este Robinson, una aventura tropical, de fácil exportación y lectura universal, proveniente en esta ocasión de Bélgica.

Robinson y Tuesday en Robinson, una aventura tropical

Robinson y Tuesday en Robinson, una aventura tropical

Para ello escogen a profesionales como Ben Stassen (La casa mágica) (codirector esta vez junto al poco conocido Vincent Kesteloot), alguien que ha demostrado en más de una ocasión que la falta de presupuesto no supone un problema a la hora de comercializar productos nacionales. Este animador belga ya consiguió que películas como Las aventuras de Sammy. Un viaje extraordinario  o Vamos a la luna pisaran nuestras salas y se editaran en formato doméstico. Igualmente, por eso de la universalidad, decidieron adaptar el clásico literario Robinson Crusoe, aunque poco o ningún parecido guarde esta película con la obra de Daniel Defoe. Lo único que emplea de la novela es el personaje y su cotidiana lucha por la supervivencia. Y no digo protagonista porque en este caso la tarea recae en un guacamayo alirrojo llamado Tuesday (Viernes para muchos cuando leímos la novela). Acompañado de la tapir Rosie, el martín pescador Kiki, el camaleón Carmello y la cabra Scrubby, hará las de narrador en clave de flashback de esa gran aventura que se reduce a su supervivencia en compañía de la cuadrilla frente a una familia de felinos. Cierto que harán amistad con el náufrago, pero ni se comunicarán verbalmente. Se nos cuenta el origen de su convivencia y el modo en que ésta altera la vida en la isla de los animales, pero poco más. Por lo demás acumula una sucesión de persecuciones estilo “cartoon” ideadas para mantener entretenidos a los más pequeños.

En su versión española y como suele suceder, cuenta con las voces de algunos conocidos. Carlos Latre (Torrente 5. Operación Eurovegas), Alexandra Jiménez (Kiki, el amor se hace) o Joaquín Reyes (Cuerpo de élite) aportan su granito de arena, haciendo más asequible para muchos la historia. En ese sentido cabría destacar el doblaje del cómico manchego, no sólo porque derive en nostalgia el recuerdo a personajes previos, sino por el interés que despierta el personaje a nivel alegórico. Si ya dijimos que la película nos habla del modo en que Robinson cambia la vida de estos animales, imagínense lo que supondrían para una cabra, al borde de la demencia y escasa visión, unas gafas correctamente graduadas.

Kiki, Scrubby y Carmello en Robinson, una aventura tropical

Kiki, Scrubby y Carmello en Robinson, una aventura tropical

En resumen, una obra inofensiva y entretenida para los más pequeños. Técnicamente es impecable y se muestra humilde en sus planteamientos, pero carente de enjundia echa en falta una historia que implique o despierte preguntas en el espectador. Por supuesto se emplean temas didácticos que despiertan la complicidad de padres y educadores, desde la amistad hasta el deseo de libertad pasando por la imperiosa necesidad de entendimiento, pero esto resultará poco exclusivo mientras existan canales infantiles que emitan en abierto. No decimos que se deban reformular en estos trabajos las grandes interrogantes que afectan a la especia humana, pero resulta difícil mantener el interés durante noventa minutos a base de persecuciones felinas, piratas inofensivos con poca presencia en el metraje y edificaciones rústicas en una isla tropical. Además, ya podrán imaginarse la amenaza que supondría para el inglés una panda de gatos hambrientos, algo que se acepta en esto del cine familiar con tal de evitarle cabezadas a la gente menuda.

Lo mejor: Su humildad e interés por mantener despiertos a los niños.

Lo peor: La ausencia de una historia que contar.

Puntuación: 5/10

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This