Nunca digas su nombre: Sí lo pienso, sí lo digo

Enésima castaña de terror para adolescentes, que según reza su publicidad se inspira en hechos reales (algo bastante dudoso teniendo en cuenta ciertos giros de guión). Nunca digas su nombre es otra vuelta de tuerca sobre el mito de “el hombre del saco”, aquí representado en la figura del “Bye Bye Man”, un engendro sin sustancia, que recuerda (sin la misma presencia) a los monstruos de cintas míticas como Candyman o más recientes como Boogeyman: La puerta del miedo. Stacy Title (El diablo viste de negro) ¿dirige? a un grupo de sosos jóvenes actores, secundados por viejas glorias como Faye Dunaway (Chinatown) o Carrie-Anne Moss (Matrix). También se deja caer por la cinta el creador (junto a James Wan) de las míticas sagas Saw e Insidious, el también actor Leigh Whannell (Insidious: Capítulo 3).

Lucien Laviscount y Cressida Bonas en Nunca digas su nombre

Lucien Laviscount y Cressida Bonas en Nunca digas su nombre

Una pareja de universitarios, y el mejor amigo de él, se van a vivir juntos a una casa cerca del campus. El joven enamorado descubre en la casa al “Bye Bye Man”, que es un fantasma que quien conozca su nombre, muere. El chaval intentará por todos los medios que nadie conozca la designación del espectro, algo que se antoja imposible, pues la situación se complicará. El argumento parece más enrevesado de lo que realmente es: descubren al fantasma y este va acabando con los jovenzuelos mientras averiguan de donde viene todo. Lo más interesante de toda esta historia es cuando mediante flashbacks averiguamos otro caso mucho más interesante que el que se nos está contando. El guion no es que sea una acumulación de tópicos mil veces visto, sino que es un auténtico desastre en algunos momentos. Hay personajes (el hermano del protagonista) y momentos que carecen de sentido (la policía acechando al protagonista).

Stacy Title hace arrancar la historia con fuerza, con un flashback que se antoja interesante, pero cuando comienza la historia que realmente quiere contar se convierte en una más, con muchos defectos y con sustos que provocan más vergüenza ajena que risa (si al menos nos hicieran reír… pero ni eso). Da la sensación que se ha tomado el producto demasiado en serio cuando realmente era una cinta de serie B homologada.

Leigh Whannell en Nunca digas su nombre

Leigh Whannell en Nunca digas su nombre

Douglas Smith (Vinyl) es el atormentado protagonista que no deja de poner cara de susto desde que arranca la cinta. Ni en lo momentos alegres cambia su expresión. En ningún momento consigue que conectemos con él, al igual que ocurre con sus compañeros de reparto, los insípidos Lucien Laviscount (Scream Queens) y Cressida Bonas (Doctor Thorne). Para esta última, Nunca digas su nombre supone su debut en gran pantalla, por lo que podía haber lucido algo más que palmito, pero no, igual de inexpresiva que el resto. Tampoco corren mejor suerte las viejas glorias que secundan a los jóvenes. Dunaway se limita a dar las claves de la función como si leyera el menú del día, y a protagonizar la escena más vergonzosa de toda la cinta. Moss parece que pasó a saludar por el rodaje y le dieron unas cuantas escenas. Y Leigh Whannell da la sensación que están en la cinta más como icono del terror que como actor contratado para un breve papel, una pena.

En resumen, Nunca digas su nombre es una cinta que estaba relegada a las estanterías de los videoclubs (o al VOD que tanto gusta ahora), pero por milagros de la distribución de nuestro país ha acabado ocupando algunas salas.Nunca digas su nombre parece por momentos una práctica de cine y en otros un batiburrillo de escenas ya vistas. Un desastre audiovisual muy poco visto últimamente en una pantalla de cine.

Lo mejor: La historia que se narra en los flashbacks.

Lo peor: Todo lo demás.

Puntuación: 1/10

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