La sombra del actor: La disección personal de Pacino

Es verdad que ni Al Pacino (Tipos legales) ni Barry Levinson (Rain Man) están en el mejor momento de su carrera, algo más acusado todavía en el caso del director, pero si ambos hablan en la gran pantalla lo que digan normalmente será digno de prestar atención. La sombra del actor no es una película deslumbrante o inolvidable, pero sí reúne los elementos necesarios como para que su discurso sea interesante. Algo confuso por momentos, porque la película se aleja a ratos de esa disección que el propio Pacino hace del actor como profesional y, quizás, de sí mismo, para adentrarse en una historia de enredos emocionales y sentimentales que funciona con altibajos, pero con momentos que elevan el resultado final y que producen esa sensación de que al cine cada vez le gusta más hablar de sus interioridades, por mucho que el protagonista sea ya más un actor de teatro que de la gran pantalla.

Al Pacino en La sombra del actor

Al Pacino en La sombra del actor

Como muestra de esa idea, hay unas curiosas similitudes entre La sombra del actor y Birdman, totalmente casuales en teoría puesto que ambas películas se estrenaron casi al mismo tiempo en el Festival de Venecia del pasado año, pero eso, en realidad, no es más que un juego cinéfilo que no afecta a la película. Lo que sí importa, obvio cuando se trata de una cinta tan volcada en su protagonista principal, es que Pacino está en forma. A veces tendemos a identificar el declive de su carrera con la deriva que por momentos ha apresado a Robert De Niro, mucho más grave, pero en realidad Pacino siempre ha dejado algún que otro papel interesante incluso cuando todos, seguramente también él, asumíamos que sus mejores películas ya habían pasado. Pero aquí es el mismo actor interesante de siempre, el que deslumbra con la mirada, con la voz y con ese lenguaje corporal tan característico.

Da la impresión, y eso es un gran acierto, que Pacino ha sabido encontrar elementos de identificación personal con este Simon Axler al que interpreta, dibujado en primer lugar en una novela de Philip Roth que no recibió muy buenas críticas. Y da la impresión de que la película es mejor cuando menos explicaciones da al espectador. La ambigüedad, la que provoca secuencias oníricas y resoluciones ambiguas, la que lleva el filme al terreno de lo surrealista, es lo que mejor funciona. Es cuando Pacino se luce más y es cuando la historia es más atractiva. Por eso, y a pesar de que La sombra del actor acaba siendo bastante irregular, su final deja un buen sabor de boca, precisamente porque juega con esas sensaciones analizables desde el patio de butacas.

Greta Gerwig en La sombra del actor

Greta Gerwig en La sombra del actor

Lo más curioso de la película, en todo caso, es que consigue huir del entorno personalista, casi narcisista, que se le asume a una disección tan concreta como esta, la de un actor en crisis que ya no siente la conexión con el público, es mucho más que su personaje central. Y, más curioso aún, el resto de voces que dan cuerpo a la película, son femeninas. El actor al que interpreta Pacino se mete en una relación con una mujer mucho más joven que él y que acude a él siendo lesbiana, la ex novia también lesbiana se convierte en una acosadora de primer orden, la madre de su nueva pareja es una antigua compañera de escenario de Simon y una mujer que recibía tratamiento junto a él está empeñada en contratarle para hacer algo ilegal. Ahí está el surrealismo que tan bien funciona.

Y si funciona es porque el reparto da un resultado que mejora lo que hay en el guión o incluso la dirección de Levinson. Greta Gerwig (Frances Ha), Dianne Wiest (La extraña vida de Timothy Green), Kyra Sedgwick (The Possession – El origen del mal) o Nina Arianda (Midnight in Paris) saben cómo retar a Pacino y, de esa manera, enriquecer la película. La sombra del actor no es, efectivamente, una obra redonda o modélica, pero con el buen trabajo interpretativo y alguna escena cargada de ingenio se basta para ser agradable e incluso divertida por momentos. Con eso basta. Y luego habrá quien encuentre algún elemento más de interés para comprender la profesión del actor. O los problemas psiquiátricos que a veces conlleva convertirse en tantos personajes a la vez.

Puntuación: 6/10

Ficha artística y técnica

Italia y USA. Título original: The humbling. Dirección: Barry Levinson. Interpretes: Al Pacino (Simon Axler), Greta Gerwig (Pegeen), Nina Arianda (Sybil), Dylan Baker (Dr. Farr), Charles Grodin (Jerry). Guion: Buck Henry y Michal Zebede; basado en la novela de Philip Roth. Producción: Al Pacino, Jason Sosnoff y Barry Levinson. Música: The Affair y Marcelo Zarvos. Fotografía: Adam Jandrup. Montaje: Aaron Yanes. Diseño de producción: Sam Lisenco. Vestuario: Kim Wilcox.

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