La soledad de los números primos: Un caos retorcido e indiferente

Mattia (Luca Marinelli (Nina)) es un niño un tanto especial; la presión y responsabilidad que tiene por cuidar de su hermana discapacitada, y su facilidad para los estudios, parecen marcarle un camino de éxito en sus investigaciones y fracaso en sus relaciones. Para Alice (Alba Rohrwacher (Melissa P.)) el esquí es algo más que un entretenimiento, pese a ser una niña pequeña; su padre la quiere hacer una campeona, pero un grave accidente trunca su carrera antes de empezar. Las infancias de ambos son difíciles y solitarias, y el refugio en el otro parece el único posible.

Alba Rohrwacher en La soledad de los números primos

Alba Rohrwacher en La soledad de los números primos

Estamos ante un film que llega a nuestras pantallas con más de dos años de retraso, y esto normalmente es debido a dudas respecto a su recaudación…o a su calidad; o a las dos cosas. Película un tanto extraña, La soledad de los números primos adapta al cine el best-seller de Paolo Giordano de una forma que quizás pueda interesar a los lectores de la obra pero que seguramente resultará caótica e insulsa al resto.

Durante todo el metraje contemplamos el desarrollo de dos personajes, Mattia y Alice, que desde su infancia se comportan de manera diferente, destacando tanto por encima como por debajo, de la gente que les rodea. La idea de contar la historia dividida en tres momentos, infancia, adolescencia y cierta madurez, es seguramente lo mejor de la película; los saltos de un tiempo a otro, que nos van dando detalles de la vida que han tenido los protagonistas, contribuyen a generar algo de interés en el espectador, aunque también terminen por crear un desorden que a veces es exasperante. Entre estos tres momentos, el de la infancia es el que más fuerza tiene. La historia de Mattia y su hermana sería como para dedicarle la película entera, pues escapa de esa frialdad y retorcimiento que está presente en el resto del trabajo. Los niños que actúan aquí les dan unas cuantas lecciones al resto del reparto, que sin estar mal, nunca causan una gran empatía con el público. Las dos siguientes etapas de su vida que se nos cuentan van perdiendo interés y los niños que apuntaban maneras se convierten en personajes demasiado siniestros, con los que poco nos podemos identificar, como si el intento del autor por separarlos de la realidad hubiese dado sus frutos y el abismo entre cualquiera de nosotros y ellos fuese tan grande que casi cualquier interés se pierde. Todos podemos sentirnos diferentes en algunos momentos de nuestra vida, pero los casos que nos ocupan son claramente patológicos, y la impresión que queda es que los protagonistas intentan desmarcarse del resto del mundo casi por voluntad propia, en un acto de egocentrismo victimista exagerado, más que lo que seguramente estaba en el origen de la historia, un par de niños con una infancia muy difícil que les marca para siempre con una suerte de condena. La metáfora a la que hace alusión el título es buena, pero parece metida con calzador en la película, a destiempo, y en boca de algunos personajes que difícilmente podrían recitarla.

Luca Marinelli en La soledad de los números primos

Luca Marinelli en La soledad de los números primos

En cuanto al aspecto más técnico de la película, hay que reconocer algunos intentos y momentos de cierta valentía y que demuestran algún talento. En el director, Saverio Costanzo (Domicilio privado), se intuyen buenos conocimientos y un gusto bastante evidente por el trabajo de algunos colegas; se pueden ver referencias al cine de Darío Argento en algunos aspectos de la iluminación y la música, así como atmósferas casi propias de David Lynch; también parece haber alguna referencia al cine de Antonioni. Todo esto a la vez, con algún toque “crepusculiano”, hace que el batiburrillo sea considerable, con unas partes muy decentes en ocasiones que no terminan de llevarse bien entre sí. Hay momentos que parecen ir por muy buen camino, pero que terminan siempre con algún error de bulto, como cuando un defensa sale bien parado de un regate difícil en su área y se crece, queriendo terminar la jugada del siglo y acaba entregando la pelota al rival de manera ridícula, utilizando un símil futbolístico.

La soledad de los números primos es un film muy irregular, con momentos casi brillantes que terminan decepcionando, y un esquema que está cerca de ser acertado dentro del caos, pero que termina fracasando por la mezcla de estilos que posee. La historia de estos dos muchachos empieza bien, pero poco a poco se separa en exceso de la de cualquiera, resultando fría y creando un rechazo en el espectador que se ve reflejado en las críticas y opiniones tanto como en la taquilla.

Lo mejor: Algunas escenas recuerdan al cine de buena calidad de otros directores como Argento o Lynch, aunque totalmente fuera de lugar. La estructura es medianamente interesante. La infancia de los personajes es lo mejor de la película, y el hecho de que nos la cuenten salteada alarga un poco el interés por conocerla.

Lo peor: La mezcla de referencias y estilos, unida a lo retorcido de la historia en sí, da como resultado un jaleo considerable, no tanto para entender la historia (que no es tan interesante como los autores y los protagonistas creen) como en la sensación que provoca, a medio camino entre la compasión y el aburrimiento.

Puntuación: 4/10

Ficha artística y técnica

Italia, Alemania y Francia. Título original: La solitudine dei numeri primi. Dirección: Saverio Costanzo. Interpretes: Alba Rohrwacher (Alice), Luca Marinelli (Mattia), Martina Albano (Alice de niña), Arianna Nastro (Alice adolescente), Tommaso Neri (Mattia de niño), Vittorio Lomartire (Mattia adolescente), Isabella Rossellini (Adele). Guion: Paolo Giordano y Saverio Costanzo; basado en la novela de Paolo Giordano. Producción: Mario Gianani, Philipp Kreuzer y Anne-Dominique Toussaint. Música: Mike Patton. Fotografía: Fabio Cianchetti. Montaje: Francesca Calvelli. Diseño de producción: Marina Pinzuti Ansolini y Rinaldo Geleng. Vestuario: Antonella Cannarozzi.

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