La profesora de historia: Extraordinario mensaje de esperanza y respeto

No hay que ser un lince para saber cómo va a acaba La profesora de historia. Una vez que se ha planteado el reto que la profesora que da título a la película lanza a sus alumnos, integrantes de una clase conflictiva de un instituto cualquiera de Francia, la película enfila un camino previsible. Busca ser un canto al trabajo en equipo, a la integración de los diferentes, y a una educación posible, y lo acaba siendo. Sí, ese puede ser su principal pecado. ¿El resto? Extraordinario. La profesora de historia es una película formidable sobre la educación, sobre la historia, sobre la sociedad en la que vivimos, en la que Marie-Catille Mention-Schaar (Bowling) , directora y coguionista, lanza un maravilloso mensaje de esperanza, de respeto y de humanidad, y lo hace además sin caer en la fábula, sin perder un punto de vista realista y verosímil.

Ariane Ascaride en La profesora de historia

Ariane Ascaride en La profesora de historia

Ahí está la clave para comprender que estamos ante un trabajo trascendente, aunque probablemente y por desgracia no alcance tanto público como merece. No hay nada en la película que rechine o que parezca imposible. ¿Previsible? Sí, está claro. Pero no importa, porque es un filme auténtico, honesto, hermoso y a veces incluso complicado de manejar. Es, en ese sentido, un formidable retrato de la vida a muchos niveles. Lo esencial está en el empeño de esa profesora de hacer que sus alumnos aprendan. Pero que aprendan de verdad, que asuman que la vida real no es lo que se recoge en unos fríos apuntes dictados en clase. Y pronto se ve que el filme es también un retrato adolescente de un grupo de chavales que están lejos de haber encontrado su camino o su lugar en la vida.

Esa confrontación es extraordinaria y despierta un número incontable de emociones. La profesora de historia tiene ahí su base, en la emoción. No en la sensiblería, no en los caminos más fáciles, sino en diferentes momentos que mueven y conmueven. Lo hacen en el interior de la película gracias al tema de fondo que escoge, el holocausto judío a manos del nazismo, y eso invita a admirar el gran trabajo de los actores más jóvenes liderados por la veterana Ariane Ascaride (Las nieves del Kilimanjaro), pero lo hace también en el patio de butacas por la espléndida forma en la que están escritos e interpretados todos los personajes, incluso los que tienen menos espacio en pantalla. Mention-Schaar forma un microuniverso casi perfecto, en el que consigue mostrar, como sucede en cualquier clase de cualquier lugar de mundo, un variopinto espectro de aspiraciones, de personalidades y de circunstancias sociales.

Ahmed Dramé y Ariane Ascaride en La profesora de historia

Ahmed Dramé y Ariane Ascaride en La profesora de historia

Y no son cuotas gratuitas, seleccionadas por estudios de mercado en busca de un público potencial para la película, sino un equilibrio natural y transportado a la pantalla con la misma sutileza con la que la directora realiza apuntes o cierra algunos de los temas que plantea con un simple plano o un gesto de uno de sus espléndidos actores, sea uno de los juveniles o uno de los veteranos. Como tampoco es una concesión de cara a la galería o un intento fácil de ganar público la elección del holocausto como tema de fondo. Sirve para algunos de los momentos más emotivos de la película, quizá incluso para los de lágrima más fácil (aunque resulta difícil encontrar una manipulación en esas escenas en lo que no es más que un sincero homenaje), pero es el vehículo perfecto para que los adolescentes evolucionen.

En la película hay muchos temas complejos y muchos personajes que hablan de ellos con voces sinceras. Y, sin embargo, nada parece escaso. En 105 minutos transcurre todo un curso académico, que en realidad parece toda una vida (y que vuelve a empezar en la magnífica secuencia con la que se cierra el filme), y han sucedido tantas cosas a tantos personajes diferentes que da la impresión de haberles conocido más profundamente de lo que en realidad hemos visto. Esa es la maravillosa labor que hacen su directora, que con muy poco cuenta muchísimo. Eso hace que la película sea espléndida. Sus mensajes, además, son inspiradores. Habla del trabajo en equipo, de la integración, del respeto al diferente, de la empatía, de los sueños y de la enorme capacidad que casi todos llevamos dentro para llegar lo más lejos posible. Y sale triunfante por su sinceridad. Casi nada.

Puntuación: 8/10

Ficha artística y técnica

Francia. Título original: Les héritiers. Dirección: Marie-Castille Mention-Schaar. Interpretes: Ariane Ascaride (Anne Gueguen), Ahmed Dramé (Malik), Noémie Merlant (Mélanie), Geneviève Mnich (Yvette), Wendy Nieto (Jamila). Guion: Ahmed Dramé y Marie-Castille Mention-Schaar. Producción: Marie-Castrille Mention-Schaar y Pierre Kubel. Música: Ludovico Einaudi. Fotografía: Myriam Vinocour. Montaje: Benoît Quinon. Diseño de producción: Anne-Charlotte Vimont. Vestuario: Isabelle Mathieu.

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