La monja: Oportunidad perdida

El cine de terror está experimentando en los últimos tiempos un cambio bastante positivo con la llegada de cineastas que quieren mostrar que el género no está del todo estancado. James Wan (Expediente Warren: El caso Enfield), Andy Muschietti (It (2017)), Jordan Peele (Déjame salir), Ari Aster (Hereditary) o Jennifer Kent (Babadook) son algunos de los nombres que quieren que el género siga creciendo, ofreciendo cintas realmente aterradoras. James Wan fue el primero que puso la piedra para que todo esto fuera una realidad al ofrecer un cine de terror clásico al que daba la vuelta para ofrecer un cine terrorífico. Tras el éxito de Expediente Warren: The Conjuring, se empezaron a planear los spin off de la saga, centrados en las fuerzas del mal que veríamos en las cintas principales. Así, hemos tenido dos entregas de la muñeca Annabelle y, ahora, nos llega La monja, una cinta que quiere seguir el éxito de la franquicia pero que se queda en una oportunidad perdida para darnos una de las cintas más aterradoras del año y, que al final, se quedan en un par de sustos y una buena ambientación.

Bonnie Aarons en La monja

Bonnie Aarons en La monja

La monja es, por ahora y por orden cronológico, como la primera entrega de la saga, ya que la acción de esta cinta se desarrolla en Rumania en 1952. Allí, un sacerdote y una novicia tendrán que investigar un dramático suceso acontecido en una abadía de Rumania, allí, lo sucesos paranormales se suceden mientras un mal que lleva aguardando mucho tiempo vuelve a ser liberado. La monja bebe mucho de otras cintas clásicas del género como podrían ser El exorcista, con el que comparte muchas similitudes, o Nosferatu, la cinta de Murnau. Estás dos cintas son el claro referente tanto de guion como de puesta en escena de la cinta. Y es que en muchas ocasiones tiene planos o momentos que recuerdan a estos dos clásicos del cine de terror. Y lo cierto es que consigue esa atmósfera necesaria para sembrar el miedo y el terror entre los espectadores. El lugar donde trascurre la acción genera siempre mal cuerpo y lo que rodea a la abadía todavía más.

Y es que, si la cinta no genera esa atmósfera, hubiera empeorado. Además, vuelven a usar de una manera muy inteligente las apariciones de Valak, la monja malvada. Vuelven a saber generar tensión con su simple presencia, sin ser del todo física, y cuando aparece por completo son momentos de una tensión máxima que, además, quedan grabados en la retina por ser secuencias que además están rodados de una manera especial y con un cariño único. Los sustos están y, en especial, hay un par de ellos que están bastante conseguidos y hacen botar en el asiento. Pero por todo esto que tiene La monja, no puede quitarse de encima el peso de tener un guion un tanto rácano en situaciones, que va a mucha velocidad y no se detiene en dar demasiadas explicaciones de que es lo que ocurre y, durante toda la cinta, la exageración está a la orden del día. Ya no se molesta en ser una cinta de terror con monstruo que podría haber dado para psicología, sino que incluye tramas para seguir aumentando a los demonios que atemorizan a nuestros personajes.

Y, en el tramo final, vuelven a verse referencias que pensaba que jamás se verían, como es una a la primera entrega cinematográfica de Silent Hill. La forma de unirla con las entregas principales no es que sea demasiado buena, pero con algo había que unirla. Muchas situaciones son repetición de los clichés del cine de terror y me sigo preguntando porque los personajes persiguen cosas que se mueven solas a sabiendas que no los llevará a nada bueno. O porque siguen a sombras que aparecen y desaparecen, sabiendo también que todo eso no es nada que les pueda beneficiar. Estos clichés, tan manidos, acaban cansando y hacen que veamos las películas sin interés porque será la copia genérica número mil dentro del género. La monja intenta diferenciarse, lo consigue en algunas ocasiones, pero en otras parece una cinta de serie B con un presupuesto altísimo. Y eso en una producción así no puede notarse.

Taissa Farmiga en La monja

Taissa Farmiga en La monja

En cuanto a los actores, Taissa Farmiga es la que se come la pantalla en sus apariciones. Tiene algo especial que la hace ser una gran actriz y, aquí, con su cara de inocencia da un toque de luz entre tanta oscuridad dentro de la cinta. Demián Bichir (Los odiosos ocho) le da la réplica como el sacerdote encargado de investigar los misterios y librar a la abadía de la maldición. Y Bonnie Aarons (Expediente Warren: El caso Enfield) que vuelve a interpretar a la monja y cada vez consigue meter más miedo. En definitiva, La monja podría tener todo para ser una de las cintas de terror más terroríficas de los últimos años, pero su estancamiento en los clichés y que no aporta nada nuevo al género hacen que sea decepcionante. Tiene algunas imágenes muy logradas, la ambientación es de primera, pero a una cinta de este calibre se le pide algo más.

Lo mejor: La ambientación y el buen hacer actoral.

Lo peor: Los clichés del cine de terror, que siguen todavía vigentes.

Puntuación: 5/10

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