Las novelas de Stephen King son un manantial para sacar adaptaciones sin parar. Así, en los últimos años, hemos tenido una nueva adaptación de IT (junto con una serie), La vida de Chuck o The running man, todas han conseguido mantener el espíritu del autor dentro de la película. Pero es curioso como mucha gente únicamente conoce a Stephen King por sus grandes novelas de terror, pero Stephen King tiene también grandes novelas donde el terror pasa a un segundo plano y entra dentro de la ciencia ficción o el drama. Así tenemos películas como La niebla, Cadena perpetua o La milla verde, todas ellas grandes adaptaciones donde el terror no estaba del todo presente. Y ahora, después de mucho tiempo, nos llega La larga marcha, una historia donde el terror no es un terror físico sino un terror más a lo que nos encontraremos en el futuro o hacía donde va el mundo. La larga marcha es una historia sobre caminar hacía la muerte para encontrar parte de nuestra vida, dejar de lado nuestros miedos e intentar superarlos. Es una historia realmente emocionante que, cuando menos te lo esperas, te golpea con todo. Francis Lawrence, que ya dirigió las últimas entregas de Los juegos del hambre, lleva con mano firme estos “juegos” de caminar sin descanso hacía el futuro.
La larga marcha, escrita en 1979, ha servido casi de inspiración para futuras novelas o películas como pueden ser los citados Los juegos del hambre o Battle royale, donde solo uno de los participantes sobrevive a esos juegos. En esta ocasión, La larga marcha sitúa su acción en como una serie de jóvenes caminan, sin un final fijado, en busca de la fama, la gloria y el dinero. No hay otro objetivo. Con esto, Stephen King realiza una crítica voraz a un sistema autoritario donde da igual las vidas de las personas, da igual la edad, lo único que quieren es hacer disfrutar a los espectadores del programa. Así, al final todo lo que mueve a este evento es hacer que el joven que consiga ganar la marcha sea reconocido de por vida y pueda tener la vida que siempre ha querido, pero el problema es que, una vez terminada la marcha, la vida no volverá a ser igual haciendo que todo cambie. Esto es porque muchos de los participantes dentro de la marcha están por intentar escapar de una vida llena de miseria, una vida que no es la que quieren y una vida que el gobierno ha conseguido convertir en algo indigno. Ganar la marcha significaría cambiar por completo eso e intentar vivir de otra manera.
Algo que hace muy bien Francis Lawrence, y la novela en general, es hacer que todos los chicos tengan unos motivos para esta ahí, que empaticemos con ellos y que, al final de la marcha, sintamos ese dolor y esa repulsión ante algo que solo busca la violencia y el espectáculo morboso para satisfacer a una masa que está como loca por entretenerse. Esto casa mucho también con The running man, donde en un futuro los programas de televisión donde poner a gente a prueba en busca de mucho dinero hará que al público le de igual la vida de esas personas en detrimento de su entretenimiento. Francis Lawrence vuelve a demostrar que sabe perfectamente que mostrar en la cinta, que personajes son los importantes y que mensaje quiere trasmitir. La larga marcha puede suceder hoy en día, quizás sin esas dosis de violencia, pero si con programas que glorifican ciertas cosas como Supervivientes o Gran hermano, donde por entretener al público se pierde por completo el concepto de intimidad. El elenco escogido es cuasi desconocido, pero ahí tenemos a Cooper Hoffman, David Jonsson (al que ya hemos podido ver en Alien Romulus), Judy Greer, Mark Hamill (que repite después de aparecer también en La vida de Chuck) o Ben Wang (al que hemos descubierto hace poco en Karate Kid Legends).
En definitiva, La larga marcha nos invita a reflexionar sobre los límites del espectáculo y el precio de la fama, sino que también nos obliga a mirar hacia nuestro propio futuro como sociedad. Es una película que deja poso, remueve conciencias y que consigue que no solo seamos meros espectadores, sino también partícipes de ese sufrimiento y esa esperanza. Sin duda, una adaptación que hace honor a la literatura de Stephen King.


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