La bola negra es ambiciosa e imperfecta. Seguramente sean los principales calificativos que se le podrían poner a la obra de Javier Calvo y Javier
Ambrossi (ambos en La Llamada) porque han creado una obra tan grande, tan arriesgada y apabullante que no todo lo que proponen en ella funciona como debería. Pero algo hay que reconocer a todo esto y ese es el riesgo. Javier Calvo y Javier Ambrossi nunca se han caracterizado por hacer obras ancladas a una forma de entender el medio, ya sea cine o series, sino que siempre han intentado ir un paso más allá y ofrecer algo distinto al espectador. Con Paquita Salas ya pasaba, pero creo que fue la realización de La Mesías lo que les catapultó un escalón por encima y que tenían ideas, historias y una forma distinta de narrar las historias. Seguramente se lea mucho que La bola negra es una película sobre Federico García Lorca, y no es mentira del todo, sino que es una historia sobre la identidad sexual, sobre no estar sometido a un yugo y la de ser quien eres siempre. Es una cinta que, a medida que pasa, va creciendo en la memoria, pero eso no la exime de caer en algunos errores que lastran algo que podría haber sido una obra maestra.
La bola negra se ramifica en tres líneas temporales, una en 1932, otra en 1937 y la última en 2017 donde veremos tres historias diferentes, pero todas con algo en común como es la identidad sexual es diferentes contextos y, por último, la memoria. Y es que más allá de ver una cinta donde coge una de las obras inacabadas de Lorca, es una cinta que quiere reivindicar todas esas historias que han quedado sepultadas en las cunetas o bajo tierra gracias al régimen fascista que gobernó España durante años y en donde todo aquel que era diferente, o pensase diferente al régimen, terminaba desapareciendo fusilado. Esto es lo más interesante de una obra donde también tiene una importancia supina la identidad sexual de la persona y no dejar nunca de lado eso que amas, que deseas con todas las ganas y que te hace especial. Es una película que reivindica por enamorarte de la persona que quieras y no dejarla caer nunca en el olvido. Por eso creo que La bola negra es importante, porque consigue aunar de una forma perfecta estos dos temas.
Pero claro, la ambición en la que se mueve la cinta de Los Javis la hace imperfecta. Es una cinta que quiere contar muchas cosas y no todas son igual de importante o aportan algo a la trama. Las tres líneas temporales que se van intercalando también demuestran una ambición que no funciona del todo, pues la historia que se desarrolla en 1932 es una trama que, si la quitamos del metraje, la historia sigue quedando igual o incluso mejor. Porque las historias que de verdad importan en la cinta son las de 1937 y 2017, una porque tiene la historia que mueve toda la cinta y la otra porque es la que cohesiona todo. Al principio es fácil perderse en las diferentes líneas que se proponen en la película, pero a medida que avanza la misma ya entendemos el juego. También Los Javis no saben dónde quieren acabar su película, alargando de una manera algo artificial la cinta. Y es que La bola negra podría haber acabado por todo lo alto, pero Los Javis siempre tienen otra escena que mostrar, otro momento que no aporta nada a la historia bajo la manga y, todo esto, hace que la cinta se resienta.
Pero ahí tenemos a unos actores muy bien dirigidos, muy bien escritos y que consiguen convencer. Guitarricadelafuente (Amarga Navidad) es, posiblemente, el que mejor está de todos. Su interpretación está llena de miedo, matices, alegría y un saber estar que consigue emocionar con su sola presencia. Miguel Bernardeau (La fiera) también se ha quitado de encima esa losa que era Élite y sigue demostrando que es un actor con un nivel bastante destacable. Carlos González (A una isla de ti) también se lleva gran parte del mérito. Y la auténtica roba escenas es Penélope Cruz (¡La novia!), cuya secuencia es una de las mejores dentro de toda la obra. Y es que, en definitiva, La bola negra es una cinta excesiva, llena de imperfecciones pero que sabe muy bien que quiere contar. No será una película redonda, pero sí que consigue dejar vigente aquello de querer buscar todas las historias que han quedado enterradas en las cunetas de una España que, mientras queden autores que intenten mantener esa memoria viva, jamás van a morir.


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