Kong: La isla calavera: ¡Viva el Rey Kong!

Vaya por delante lo siguiente: Kong: La isla calavera es el mejor blockbuster que se ha estrenado en cines de los últimos años. Es una película que se olvida por completo de darle un fondo filosófico dramático a la historia para centrarse en tener al público entretenido con una historia que no busca nada más que eso, que el público coma palomitas, tenga la sonrisa en la boca y salga de la sala satisfecho de haber pasado dos horas de su vida entretenido, que es para lo que se crearon los blockbusters. Pero todo esto no quiere decir que Kong: La isla calavera sea un ejercicio vacío que solo busca entretener. Kong: La isla calavera tiene buen gusto en su fotografía, en sus planos, en su BSO y en la forma de contar la historia. Y es que quien pudiera pensar que Kong: La isla calavera era una revisión del mito otra vez desde la misma perspectiva de siempre, se va a encontrar un producto diferente y sinceramente, muy gratificante.

Kong en Kong: La isla calavera

Kong en Kong: La isla calavera

Siempre se ha intentado guardar al mito hasta la mitad de la película o en los diferentes adelantos mostrar lo más mínimo de él. Kong: La isla calavera no es de esas. Después de una introducción espectacular e hilarante, vemos por primera vez al gran simio. Y es que esta secuencia inicial es la que va a dar el tono a la cinta. En ese momento ya vemos que estamos ante una cinta diferente, que no se toma demasiado en serio a sí mismo y eso es gratificante. Luego sigue el mismo camino que las películas de Kong: Buscar una tripulación, un barco y directos a la isla. Es entonces cuando la cinta cambia. Aquí no hay que incitar a Kong a que venga a por una chica rubia, directamente le están destrozando su hogar, pues hay que protegerlo. Y después de esto, un árbol atraviesa a un helicóptero. La acción se dispara, Kong empieza a golpear todo y y los rugidos son cada vez más fuertes.

Pero es que a Kong: La isla calavera va a lo que va. No se anda con tonterías y no se anda con historias filosóficas, con una profundidad inexplicable y no hace que los personajes humanos sean más protagonistas que el propio simio. Y es que la película es Kong. No hay más. Kong es el Rey. Y eso es de agradecer. Además, Jordan Vogt-Roberts (The kings of Summer) realiza un ejercicio de estilo muy rico en muchos aspectos. Planos que erizan los pelos, cámaras lentas, movimientos de cámara imposibles y todo, siempre, a la luz del día. Por fin una batalla entre criaturas gigantes se ve a la luz del día, no de noche y lloviendo (salvo el combate final) y eso es de aplaudir, que no haya miedo a temer por los efectos especiales. Y tampoco hay miedo a tener unos personajes humanos algo planos, pues aquí lo que realmente importa es el mono.

Tom Hiddleston (High-Rise) y Brie Larson (La habitación) cumplen con creces, teniendo cada uno su momento, realmente espectacular cada uno de ellos (atentos al momento katana). Pero realmente el que quiere ser también el rey de la función es Samuel L. Jackson (El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares), el actor está en su salsa, pasándoselo en grande y poniéndole las cosas difíciles al gran simio. Y si tenemos que hablar del roba escenas ese es John C. Reilly (Guardianes de la galaxia) que está desatado, cómico y divertido. Su personaje es el nexo de la historia y es increíble.

Thomas Mann, John C. Reilly, Brie Larson y Tom Hiddleston en Kong: La isla calavera

Thomas Mann, John C. Reilly, Brie Larson y Tom Hiddleston en Kong: La isla calavera

En definitiva, Kong: La isla calavera es una entretenimiento único, espectacular, divertido y que ofrece lo que se proponía. Es una especie de homenaje al cine de serie B y a esos blockbuster de siempre, aquellos que hicieron del cine palomitero lo que era: Entretenimiento brutal. Y quedarse hasta el final de los créditos, pues la escena es espectacular.

Lo mejor: King Kong y lo realmente espectacular que es. Su banda sonora.

Lo peor: Que se piense que es la misma historia de siempre.

Puntuación: 7/10

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