Hijo de Caín: Enroque psicópata

En este año 2013, el cine español se está reservando su hueco especial en la cartelera. Poco a poco nuestro cine va creciendo y llegando de una forma más cercana al espectador, y eso se quiera o no, anima. No vivimos unos tiempos en los que los beneficios por hacer una película en España sean espectaculares, pero bien es verdad que antes aún eran menores. Tras buenos estrenos, parece que lo mejor está por venir. O al menos eso espero. Evidencia de ello es la buena acogida que tuvo en el pase de prensa de Hijo de Caín, ópera prima de Jesús Monllaó Plana, cineasta novel en el largometraje que ya había hecho sus pinitos con un par de cortos. Hay que decir que para no tener demasiada experiencia, no defrauda. Hasta pienso que más quisieran algunos directores de supuesto renombre poner el empeño que Monllaó Plana dedica a Hijo de Caín.

José Coronado y Maria Molins en Hijo de Caín

José Coronado y Maria Molins en Hijo de Caín

La trama engancha. Es escurridiza, pero después quizás las cosas vayan quedando claras antes de tiempo. En cualquier caso, esos momentos de tensión están logrados, aunque en general la cinta lo está. Se nos cuenta la historia de el joven Nico, un adolescente extraño en todo su ser. No es un chico como los demás, pues sus emociones son dignas de mirar por un psicoanalista argentino. Además el joven está obsesionado con el ajedrez, y pasa día y noche jugando, sin tener un ápice de vida social. Sus padres no ven luz al final del camino, y deciden poner las malas maneras de Nico en manos de un psicólogo, que dará mucho juego en esta historia. Todo dará algún que otro giro y es digna de mantener al espectador pegado a la butaca.

David Solans en Hijo de Caín

David Solans en Hijo de Caín

Son 90 minutos agradables, que pasan sin que a uno le duela el trasero en el asiento. Doy fe de haber visto películas de una duración similar, de grandes cineastas incluso, que me han echo desearme a mi mismo una muerte rápida, así que creo que por la parte que le toca a Hijo de Caín, es un logro. El film está basado en la novela Querido Caín, de Ignacio García-Valiño, y con un guión de Sergio Barrejón (La señora) y David Victori. El guión se entalla a los actores, dándoles a cada uno el juego y el protagonismo que se merecen. No perdemos de vista a ninguno de los principales, así como no desaparecen los pocos secundarios ni toman más cartas que las que deberían. Quizás lo que menos me haya gustado de toda la película es, obviando algún que otro tropezón típico y totalmente excusable, una escena de cama que a mi parecer resulta innecesaria, y es que oye, en el cine español parece que si no asoma alguna teta no es cine español.

El reparto es en parte tan humilde como eficaz. Parece que José Coronado (El cuerpo), si no va enchufando a gente y apuntando con un arma no es él, así que aquí tendremos nuestra dosis de Coronado en cólera. Encabeza el cartel y pese a que no sea un papel al que se adapte fácilmente, da la talla. El protagonista, Nico, es encarnado por un genial David Solans. Ejerce de punto de referencia de la cinta y va a dar mucho que hablar. Ningún pero que poner tampoco a Julio Manrique (Soldados de Salamina) y a Maria Solans (El bosc), ambos correctos. Y por supuesto, mención especial al mítico Jack Taylor (La novena puerta), que habiendo trabajado para referencias del cine internacional como Jess Franco, Roman Polanski o Milos Forman, sigue al pie del cañón con casi 80 años y que nos ofrece una gran interpretación.

Lo mejor: David Solans y el final de la película.

Lo peor: Si uno es un poco pillo, puede desmantelar la trama antes de tiempo. Arrastra algunos clichés.

Puntuación: 7/10.

Ficha artística y técnica

España. Dirección: Jesús Monllaó Plana. Interpretes: José Coronado (Carlos Albert), Julio Manrique (Julio Beltrán), Maria Molins (Coral), Jack Taylor (Andrew), David Solans (Nico Albert), Mercè Rovira (Patricia), Abril García (Laura), Helena de la Torre (Diana). Guion: Sergio Barrejón y David Victori. Producción: Sebastià Mery. Música: Ethan Lewis Maltby. Fotografía: Jordi Bransuela. Montaje: Bernat Aragonés. Dirección artística: Josep Massagué. Vestuario: Núria Anglada.

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