En la casa: El chico de la última fila

“Ni siquiera la lluvia baila tan descalza”. Enigmáticas y sensuales palabras que no significan nada pero que pueden significarlo todo. Este verso es el que desata el conflicto que da paso al tercer acto tanto de En la casa como de El chico de la última fila, la obra de teatro de Juan Mayorga en la que se basa esta película de François Ozon (8 mujeres). El profesor replica a su alumno: a) Es malo; b) Es un plagio. Si pensamos que Mayorga estaba pensando más en b) que en a) cuando escribió este diálogo probablemente tenía en el subconsciente a Woody Allen, mejor dicho, el poema de E.E. Cummings que inspiró al genio neoyorquino en Hannah y sus hermanas: “Nada, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas“, con el que el marido de Hannah, un Michael Caine con unas enormes gafas, confesaba su fascinación por Lee, la hermana de su mujer, una deslumbrante Barbara Hershey ante quien era imposible no caer rendido. Es curioso, pero las reacciones de ambas mujeres a las que van dirigidos sendos poemas son similares, al leer en privado, íntimamente, las palabras que les han llegado tan profundamente de forma totalmente inesperada.

Ernst Umhauer en En la casa

Ernst Umhauer en En la casa

La conexión de la obra teatral y su adaptación cinematográfica con Woody Allen resulta notoria desde distintos puntos de vista. Quizá el más subterráneo sea el que acabamos de tratar. Incluso puede haber sido una apreciación que va más allá de lo que había en la cabeza de Mayorga cuando concibió este complejo y hermoso libreto, pero, de estar cerca de la realidad, se trata de un detalle significativo que explica cuánto le deben estos dos estupendos trabajos a la influencia positiva del talento de Allen. El aspecto más evidente se da en la peculiar relación del profesor y su mujer, unos magníficos Fabrice Luchini (Las chicas de la sexta planta) y Kristin Scott Thomas (El paciente ingles) en la película, que perfectamente podrían ser unos trasuntos de Woody Allen y Diane Keaton. Su complicidad y sus diálogos no dejan lugar a dudas. Yendo un paso más adelante, la concepción de la obra teatral no puede ser más cinematográfica. Encima de las tablas del teatro se disponen los distintos decorados que dan pie a la acción, saltando de uno a otro a medida que la narración lo demanda, sin cambios de ningún tipo, ese concepto tan de cine dentro del cine, que se sumerge en el concepto de creación (literaria en este caso) e incluso en el de manipulación, está ya presente en el texto de Mayorga que respira modernidad y creatividad por los cuatro costados y añade, a una narración estructurada de forma original y sorprendente, un fondo de reflexión, de tensión, de atmósfera turbadora que deja un cúmulo de conflictos morales para que el espectador los vaya rumiando a la salida del teatro o del cine. Aquí reside otra conexión más con el Woody Allen que desarma y vuelve a construir la narración en Desmontando a Harry haciendo ese juego de muñecas rusas espectacular mediante el que vemos en imágenes el texto del libro que está escribiendo el protagonista, sacado de personajes de su vida real, que realmente es una referencia a su película anterior Maridos y mujeres, que propició su ruptura con Mia Farrow.

Los conceptos de creación y manipulación vienen a cuento debido a que la narración se basa en las redacciones que el alumno, “el chico de la última fila”, entrega periódicamente al profesor contando sus experiencias en casa de un compañero, y lo que vemos es lo escrito, sin saber nunca si es lo que sucedió realmente o lo que la imaginación, perversa en ocasiones, del joven redactor ha pergeñado con las experiencias allí vividas. Posible manipulación del espectador, que se deja engatusar, con sumo placer por otro lado, pero de forma más perturbadora manipulación del profesor por parte del alumno, lo que genera el conflicto que forma el corazón de la pieza teatral y del filme. Viendo el resultado final de la película, probablemente la única Concha de Oro del Zinemaldia que ha sido capaz de poner de acuerdo a público, crítica y jurado, nadie hubiese imaginado que la obra de teatro contenía prácticamente todo lo que se ve en la gran pantalla, incluidos los recursos narrativos tan woodyallenescos de los que ya hemos hablado. Así que es del todo comprensible que Ozon subiese al escenario del Kursaal a recoger su otro galardón, el Premio al Mejor Guión, acompañado de Juan Mayorga, al que tanto debe.

Ernst Umhauer y Emmanuelle Seigner en En la casa

Ernst Umhauer y Emmanuelle Seigner en En la casa

Ante la eterna pregunta sobre si es mejor el libro o la película la conclusión suele ser casi siempre la misma, la pieza literaria abunda más en detalles que la obra cinematográfica no puede contener, así que siempre es más rica y más completa, por lo que sería preferible leer el texto después de ver el filme en la que se basa, eso sí, el fallo de este sistema se encuentra en que los personajes ya tienen cara y las localizaciones una presencia y un aspecto concretos. Al asistir a la representación de El chico de la última fila, siguiendo este método, con la referencia cinematográfica todavía en la retina uno no pudo más que sorprenderse positivamente al comprobar que lo que uno creía hallazgos narrativos de Ozon se encontraban ya en el texto de Mayorga, transplantado prácticamente letra a letra de un medio al otro. La maestría de Ozon reside en haber sabido respetar el espíritu del original y en encontrar los mejores intérpretes para cada uno de los papeles, los ya nombrados Fabrice Luchini como el profesor, Kristin Scott Thomas que encarna a su mujer, el inquietante y sorprendente Ernst Umhauer (El monje) en la piel del alumno y una Emmanuelle Seigner (Frenético) entre ingenua, incauta y perturbadora, que encarna a la perfección a un personaje definido y presentado con una frase, cuanto menos, ambigua: “…cuando un olor me llamó la atención, el inconfundible olor de la mujer de clase media…”.

Ficha artística y técnica

Francia. Título original: Dans la maison. Dirección: François Ozon. Interpretes: Fabrice Luchini (Germain), Ernst Umhauer (Claude), Kristin Scott Thomas (Jeanne), Emmanuelle Seigner (Esther), Denis Ménochet (Rapha padre), Bastien Ughetto (Rapha hijo), Jean-François Balmer (director), Yolande Moreau (gemelas), Catherine Davenier (Anouk). Guion: François Ozon; adaptación libre de la obra de teatro “El chico de la última fila”, de Juan Mayorga. Producción: Eric Altmeyer y Nicolas Altmeyer. Música: Philippe Rombi. Fotografía: Jérôme Alméras. Montaje: Laure Gardette. Diseño de producción: Arnaud De Moleron. Vestuario: Pascaline Chavanne.

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