El hombre de las mil caras: Engaños y cigarros

Las expectativas respecto a una película pueden ser enormes dependiendo de los trabajos posteriores de ese director. Este año pasó con Xavier Dolan (Mummy), que presentó en Cannes Sólo el fin del mundo, y la recepción no fue la misma que su anterior obra. Ahora Alberto Rodríguez (Grupo 7) regresa tras La isla mínima con una obra completamente distinta a la anterior y a casi toda su filmografía, pero igual de sobresaliente que el resto de su obra. El hombre de las mil caras es un thriller de engaños, basada en el libro Paesa, el espía de las mil caras y que relata la historia real de Francisco Paesa y Luis Roldán. El resultado, como he dicho, es sobresaliente y un entretenimiento de primera con un Rodríguez que vuelve a demostrar que en el pulso narrativo de una historia hay pocos como él. El hombre de las mil caras es un ejercicio magistral.

Eduard Fernández en El hombre de las mil caras

Eduard Fernández en El hombre de las mil caras

El inicio de la cinta ya consigue atrapar al espectador con imágenes de un avión aterrizando al ritmo de una banda sonora que nos acompañará en casi todo el metraje, un ritmo musical que pone al espectador en ambiente. El hombre de las mil caras es una obra que contempla no sólo el thriller propiamente dicho, también sabe crear humor a través de las situaciones que viven nuestros protagonistas. El hombre de las mil caras es más Jackie Brown que, por ejemplo, Seven. El ritmo de la cinta es dinámico, con mucho ritmo y acelerado. No deja respiro al espectador ante lo que está viendo y, quizás, es algún momento confuso, quizás metódicamente pensado para dejar al espectador igual que Paesa dejó a todo el mundo: Engañado y aturdido. Alberto Rodríguez no necesita demostrar nada a estas alturas de la película, pero con El hombre de las mil caras también demuestra que puede hacer un thriller diferente, lleno de momentos únicos y nunca visto en España. Y eso es algo de agradecer, que un director no se estanque en aquello que mejor se le da.

Si hay que ponerle un pero a la cinta de Rodríguez quizás pueda ser que las dos horas que dura la cinta se antojan demasiado escuetas. Siempre nos solemos quejar de que las películas duran más de la cuenta, pero en otras, el mismo relato te pide más extensión. Imaginaos, por ejemplo, que El lobo de Wall Street hubiera durado dos horas. Hubiéramos perdido mucha información y situaciones de Jordan Belfort. Aquí sucede algo parecido, Alberto tenía un primer montaje de tres horas y veinte minutos, que tuvo que recortar hasta dejar la cinta en dos horas. Y eso perjudica un poco la narrativa y la llena de alguna elipsis. Se nota quizás en alguna trama secundaria o en alguna explicación que deja suelto algún hilo conductor y podría dejar al espectador sin saber muy bien donde encajar lo que acaba de ver o de situaciones que parece que se van a explicar pero al final no.

Carlos Santos y Marta Etura en El hombre de las mil caras

Carlos Santos y Marta Etura en El hombre de las mil caras

Pero todo lo que se pierde por condensar lo ganamos en interpretaciones. Eduard Fernández (Lejos del mar) es un monstruo de mil caras que lleva a su personaje a cotas insospechadas, dando una lección de interpretación. Pero Carlos Santos (Miel de naranjas) está inconmensurable. Su Luis Roldán seguramente sea digno de premios y alabanzas, porque es prodigioso. Marta Etura (Sexo fácil, películas tristes) y José Coronado (Secuestro) contemplan, con buenas interpretaciones este reparto prodigioso. En definitiva, El hombre de las mil caras es una película mayúscula, diferente a lo que hemos visto y estamos acostumbrados en España. Alberto Rodríguez sigue regalando calidad. Y eso lo agradecemos todos. Magistral.

Lo mejor: La dirección, las interpretaciones y el pulso narrativo.

Lo peor: Quizás que falta una hora más de película.

Puntuación: 9/10

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