El amor es más fuerte que las bombas: Literalmente

Con El amor es más fuerte que las bombas, el realizador noruego Joachim Trier (Oslo, 31 de agosto) firma su tercer largometraje y el primero rodado en inglés. El largometraje participó en la Sección Oficial del pasado Festival de Cine de Cannes, siendo la primera película noruega aspirante a la Palma de Oro desde hacía 36 años. Cuenta con un reparto estelar formado por Gabriel Byrne (Vampire Academy), Isabelle Huppert (Amor), Jesse Eisenberg (American Ultra) y Devin Druid (Olive Kitteridge), entre otros.

Como ya hizo en Oslo, 31 de agosto, con esta cinta Trier vuelve a abordar el tema del pasado como elemento explicativo de la fractura vital que caracteriza el presente de los personajes. Escrita por el mismo Trier con ayuda de su guionista fetiche, Eskil Vogt (Blind), estos dos consiguen tejer una historia cuyo montaje aborda sabiamente diferentes líneas temporales: se superponen el pasado y el presente, se funden los límites de los sueños con la realidad, se materializa con acierto lo imaginario, entre otras cosas. El montaje de Joachim Trier no es más que el resultado de lo que pretende conseguir: que reflexionemos sobre algunos temas como el del vacío existencial, la ruptura, el suicidio, el pasado, la percepción, las apariencias, lo verdadero y lo falso.

Isabelle Huppert y Gabriel Byrne en El amor es más fuerte que las bombas

Isabelle Huppert y Gabriel Byrne en El amor es más fuerte que las bombas

La película nos sitúa en el momento en que se van a cumplir tres años desde la inesperada muerte de la famosa fotógrafa de guerra Isabelle Reed (Huppert). Con este motivo se pretende inaugurar una exposición con algunas de sus mejores obras y esto obliga a su hijo mayor Jonah (Eisenberg), que lleva años viviendo fuera y que acaba de ser padre, a volver a la casa familiar donde ayudará a su progenitor, Gene (Byrne), a organizar las fotografías de su madre a la vez que aprovechará para pasar tiempo con su introvertido hermano pequeño, Conrad (Druid). Aprovechando que están juntos, Gene intenta desesperadamente reconectar con sus hijos (en especial con el pequeño, que se niega en rotundo a hablar con su padre) mientras los tres se esfuerzan en reconciliarse con lo que sienten por la mujer a la que cada uno recuerda a su manera. Es ella el enlace que hará que se den cuenta de que los tres tienen una concepción muy distinta de un mismo pasado y de una misma mujer. La falta de comunicación a raíz de un secreto relacionado con el fatídico accidente de coche que acabó con la vida de Isabelle, dará pie a sucesivos enfrentamientos entre ellos y, al final, los tres tendrán que llegar a una verdad común si quieren reparar las heridas abiertas. En la película se palpa el peso de una vida ‘familiar’ basada en presencias y ausencias y en la que, incluso cuando Isabelle estaba viva, nadie expresaba lo que sentía, mientras se iba formando un círculo vicioso de silencio que crecía sin parar y que cada uno de ellos llevaba sobre sus propias espaldas, hasta que un día Isabelle no pudo con más carga, simplemente, y entonces pasó lo del accidente.

Cada uno de los chicos sobrelleva el trauma de la pérdida individualmente, enfocado desde la perspectiva de tres hombres de edades diferentes: el padre que intenta rehacer su vida con una relación clandestina junto a otra mujer, su hijo mayor, aparentemente sin motivo por el que ser infeliz, afronta la paternidad por primera vez sin tener ni idea de cómo hacerlo, además de estar confundido sobre los sentimientos que tiene hacia la madre del bebé. Por otro lado, el hijo menor atraviesa una complicada adolescencia y más por el trauma que supuso la muerte de su madre. En definitiva, Gene, Conrad y Jonah son personas que están atrapadas en diferentes maneras de aislamiento social y necesitan poner en orden su pasado, vencer sus miedos y ansiedades, para poder ‘reconectar’ y continuar viviendo en el presente.

Jesse Eisenberg y Devin Druid en El amor es más fuerte que las bombas

Jesse Eisenberg y Devin Druid en El amor es más fuerte que las bombas

La película va avanzando a un ritmo pausado mientras nos va dando a conocer elementos de la historia que no conocíamos hasta el momento y que hará que las cosas se vayan complicando un poco más, si cabe. Con la intención de que cada instante del metraje resulte complejo, profundo y trascendente se suceden una serie de imágenes que componen una fotografía espectacular y que a mí, personalmente, me suscita algo así como poesía mientras que para otros será un derroche inútil de recursos y energía.

Desde mi punto de vista, El amor es más fuerte que las bombas no es más que una simple metáfora de la vida y de lo que esta supone de verdad: que nada es tan sencillo ni tan bonito como puede que parezca, hay mucha mierda escondida detrás. Y esto también se refleja en la compleja pero brillante puesta en escena del filme.

Lo mejor: Trier consigue ahondar con mucho acierto en la psique de los personajes principales y en la relación que se establece entre ellos.

Lo peor: Si no andas atento, el montaje puede resultar confuso, aunque es precioso, llamadme ñoña si queréis.

Puntuación: 7/10

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