Tras la fría recepción de su desembarco en la plataforma Netflix con Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades, el laureado director y guionista Alejandro G. Iñárritu (El renacido (The Revenant)) regresa al ¿cine más comercial? americano con la incombustible estrella de Hollywood Tom Cruise (Misión: Imposible – Sentencia final) en Digger, una sátira, o farsa, actual sobre el poder y la corrupción que agradará a muchos y decepcionará a otros cuantos. Digger es un producto complicado donde el mayor reclamo es la insistencia de su estrella principal por ganar el preciado Oscar. A Cruise le acompañan en el reparto el imprescindible John Goodman (Pitufos (2025)), el imparable Riz Ahmed (La trama fenicia), la solicitada Sandra Hüller (Proyecto salvación) y el inquietante Jesse Plemons (Bugonia).
Una de las personas más poderosas del planeta provoca un incidente internacional e intentará solucionarlo para convertirse en el salvador de la situación. Esta es la premisa de la que parte el guión de Digger. Un libreto tramposo que funciona en varios momentos pero en otros se queda en tierra de nadie. Pretende moralizar sobre lo que está ocurriendo en la sociedad actual y hacia dónde vamos si no ponemos remedio, y para ello Iñárritu, como guionista, pretende controlar una narrativa que al mismo se le escapa pasado el primer acto y su sorprendente giro de guión. Un giro que cambia por completo las reglas del juego y obliga al espectador a ser partícipe de un juego o no, y ahí las masas se dividirán. Algunos verán Digger como una obra maestra (quizá adelantada a su tiempo) y otros la verán como una mamarrachez. Lo que si queda claro es que es una crítica a los dirigentes políticos. A Digger no le gusta oír la verdad, y ahí recuerda a Trump. También hay un incidente con un zapato que recuerda a aquella anécdota de la administración Bush.
Iñarritu como director, acompañado siempre de su buen director de fotografía Emmanuel Lubezki (Disclaimer), nos brinda Digger en VistaVision, el mismo formato en el que el año pasado Thomas Anderson ganó todos los premios con Una batalla tras otra. El formato y el encuadre le sientan de maravilla a la cinta, y es que la dirección artística y los efectos especiales ayudan a componer algunas de las imágenes más grandiosas de Digger. Todo lo que ocurre en la mansión de Digger, o en parlamento, o en avión… está encuadrado para resaltar hasta el más mínimo detalle. Pero quizá lo que más llegue a impactar sea el poderoso plano final que se extiende hasta ya bien entrados los créditos finales para que el público puede ir elaborando su opinión sobre lo que acaba de ver.
Como apuntaba en el primer párrafo Digger es un producto creado a medida de Tom Cruise para ganar el Oscar. Pero quizá por ello se le escape. El desdoblamiento que sufre el personaje en un momento dado esta bien marcado y Cruise da rienda suelta a su locura y desparpajo para intentar contentar al respetable. Pero llega a saturar y su “personaje” se ve eclipsado por un tonto listo con la cara de Ahmed, un bravucón con unas caras insólitas que responde al apellido de Goodman, y por supuesto el gran monólogo que casi roza el discurso que entona un pletórico Plemons.
En resumen, Iñárritu invoca a Kubrick y su Teléfono rojo: volamos hacia Moscú, a Gilliam y su Brazil… pero nada termina de convencer al que subscribe estas palabras. Digger es una cinta que intentas que te guste pero finalmente te termina cargando, y si no entras a la propuesta que propone, sus 128 minutos pueden pesar como una losa. Ahora, si le encuentras el punto ¿cómico? (siempre se ha promocionado como una comedia) quizá disfrutes de la locura de un ¿genio?
Lo mejor: El mensaje la que lanza el plano final.
Lo peor: Es un propuesto complicada y no es para todos los paladares.
Puntuación: 4/10


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