14 años después de su quinta entrega nos llega Destino final: Lazos de sangre, que omite el numero 6 de su titulo para, quizá, hacerla más atrayente a un publico que aún no había nacido cuando se estrenó la original. Sea como fuera esta nueva entrega tiene la particularidad de que en un principio iba ser una secuela directa a una plataforma, pero debido a su buena factura ha acabado llegando a salas de cine. Destino final: Lazos de sangre no revoluciona el género (tampoco lo pretende) pero vuelve a funcionar gracias a que nadie se toma en serio lo que delante y detrás de la pantalla esta ocurriendo. Delante de la cámara encontramos a Brec Bassinger (Stargirl), Kaitlyn Santa Juana (The Friendship Game) y Richard Harmon (Los 100), entre otros muchos jóvenes rostros, y tras la cámara a la dupla formada por Zach Lipovsky y Adam B. Stein (ambos en Freaks), especialistas en cine de “terror” divertido, gamberro y sangriento, tres ingredientes que no falta en esta cinta sorprendentemente producida por Jon Watts (Wolfs).
Finales de los 60, la inauguración de un restaurante en lo alto de una torre con mirador se verá truncada por una moneda. Pero esto no termina de ocurrir así, y la muerte vuelve a tener un plan diabólico que termina por abarcar a todas las películas de la saga y esta nueva aventura que se traslada hasta nuestros días. Destino final: Lazos de sangre, como bien indica su subtítulo, relaciona todo lo visto hasta ahora desde hace 25 años y le añade una sorpresa nueva. Sigue manteniendo la estructura/patrón de una sucesión de muertes, algo relevante, la aparición de Tony Todd, y la conclusión. Ya el propio guion no se toma en serio desde los primeros minutos donde un piano de cola hace de las suyas con un personaje que cae muy mal. Luego continua con giros imposibles, alguno con tintes de culebrón, para “rematar” la función con un epilogo muy loco. Es decir, los propios guionistas saben que el publico solo quiere ver muerte elaboradas para aplaudir y reír, y eso es lo que esta nueva entrega ofrece.
Lipovsky y Stein saben muy bien donde están. Es quizá la primera secuela (junto con el original) que se molesta en preparar el evento, que dará pie al plan de la muerte, con tanto tiempo. La primera escena llega a ocupar casi el primer acto del metraje, algo que ayuda mucho a meternos en la situación. Luego cada muerte esta elaborada con mucho detalle, algunas incluso con mucho humor negro, y eso en esta saga es muy de agradecer. Destino final: Lazos de sangre tiene momentos difíciles de olvidar como el del hospital, el que ocurre en la calle tras una discusión de familiar, o el mismo planteamiento inicial. El resto son iguales de elaborados y entretenidos pero los tres citados son de aplauso y vítores.
Es una pena que la actriz Brec Bassinger no tenga el protagonismo absoluto. La estrella de las serie televisión de DC tiene algo que engatusa. El resto del reparto, también salidos casi todos del canales de televisión vinculados al estudio que distribuye la cinta (Warner Bros.), son carne de cañón, y es por ello que muchos resultan repelentes, destacando por encima de todos a Harmon. Su destino será de los más aplaudidos. Mención especial para el mítico e inmortal Tony Todd (Candyman), cuya aparición debió rodarse poca antes de su muerte. Su momento es revelador, emocionante, y casi lacrimógeno. Sin duda, una de las grandes escenas de la película y la saga.
En resumen, Destino final: Lazos de sangre es lo que es y tomárselo demasiado en serio es todo un error. Es la estructura de siempre, con guiños a anteriores capítulos, y alguna que otra revelación. La dupla de directores ha salido insuflar algo de aire fresco a la franquicia y consiguen un producto divertido, gamberro y bien facturado.
Lo mejor: El premonitorio adiós de Tony Todd.
Lo peor: Tomársela en serio.
Puntuación: 7/10


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