De óxido y hueso: La cruda realidad

Sensibilidad. A la salida del cine sientes como si un directo en la boca del estómago te hubiese destrozado las entrañas, pero, a pesar de eso, la palabra clave para describir De óxido y hueso, y que suena en boca de la protagonista, una inconmensurable Marion Cotillard (Origen), sería sensibilidad. Por un lado, la poca sensibilidad de la gente de prensa de la película al revelar cierto contenido del filme en el afiche que te entregan antes de entrar al pase. Espectadores potenciales intentad llegar lo más vírgenes posibles a la proyección, os merecerá la pena, prometido. Suponemos, y esperamos y deseamos,  que no se atreverán a hacer algo semejante de cara a la promoción de De óxido y hueso en medios de comunicación. Otra cosa totalmente distinta es que un crítico malintencionado revele detalles fundamentales para hacer daño al director y a la película porque el mandamás de su medio así se lo exige, como fue el caso del corresponsal de El Mundo en el festival de Cannes donde se proyectó La piel que habito de Pedro Almodóvar. Este que escribe espera no caer nunca, ni siquiera por error, en semejante práctica que los anglosajones conocen como spoiler.

Marion Cotillard en De óxido y hueso

Marion Cotillard en De óxido y hueso

Más allá de esto, y centrándonos en lo puramente cinematográfico, Jacques Audiard (Un profeta) hace gala de una sensibilidad a flor de piel a la hora de relatar esta historia de desheredados, de perdedores, de gente a la que la vida en un momento dado le ha vuelto la espalda y que se sustenta la una en la otra. Un ex boxeador sonado, divorciado, con un niño a su cargo y una mujer que acaba de perder muchas cosas, entre ellas su trabajo, y se encuentra sumida en una profunda depresión. Entre ellos surge una curiosa relación de amistad apoyada en la complicidad y en la confianza que tienen el uno en el otro que se va desarrollando de forma orgánica, casi anticinematográfica, subrayando ese poso de realidad que Audiard aplica a sus ficciones, como hizo en la estupenda Un profeta. Porque eso es lo que se nos cuenta, la cruda realidad, no hay edulcoración de ningún tipo. El protagonista es un tipo golpeado por la crisis, sin dinero, con trabajos precarios, que vive en el garaje de su hermana con su hijo, que se tiene que buscar la vida para conseguir algo de dinero extra que añadir al exiguo sueldo de vigilante jurado que percibe y que no tiene la cabeza suficiente para evitar ciertas amistades que pueden complicarle la vida, a él y a quienes le rodean y le quieren. Audiard así ha querido reflejarlo, sin adornos, no hay toque preciosista que valga, la fotografía en tonos apagados, oscuros, no juega con el feísmo, porque la verdad es que tiene una elegancia sobria y sutil, pero refleja la situación de orfandad de los personajes. Solo hace ciertas concesiones en las secuencias de amor. El aspecto visual sigue siendo el mismo, pero están rodadas e interpretadas con tanta sensibilidad y sentido del humor, en ocasiones, que resultan maravillosamente conmovedoras. A uno se le ponía la carne de gallina. No nos pidáis que vayamos más lejos porque no podemos, pero en el momento en que las veáis comprenderéis de qué estamos hablando. Lástima de ese final tan acelerado, tan seco, que te deja con ganas de un poco más de pausa para poder terminar de saborear la historia tal como se nos venía contando, lo cual no es óbice para considerar, que, si bien no llega a la altura de una obra maestra como su anterior trabajo, Un profeta, Audiard sigue haciendo cine de muchos quilates.

Matthias Schoenaerts en De óxido y hueso

Matthias Schoenaerts en De óxido y hueso

La brutalidad de la personalidad del ex boxeador y de algunas de las imágenes contrasta con la delicadeza con la que trata a su amiga. La magia de la película reside también en lo bien contado que está ese proceso en que la amistad deja de ser amistad y se convierte en otra cosa, aunque el muy torpe no termine de darse cuenta. Esa mezcla de músculo y emoción la ha trasladado a la pantalla de forma sincera y honesta un fantástico, y desconocido por estos lares, actor belga: Matthias Schoenaerts. Para hablar de Marion Cotillard hay que quitarse el sombrero. El atractivo que desprende esta mujer impregna a su personaje y transmite todo tipo de sensaciones que van desde la belleza y el magnetismo, en un principio, a la inseguridad, la fragilidad y la vulnerabilidad  más tarde, pasando por la serenidad y la tristeza en ocasiones. La vida interior de esta mujer se transmite constantemente a través de los expresivos y enormes ojos de la actriz francesa con esa hermosura que va de dentro a fuera y que llega a emocionar en distintos pasajes de la película. Para algunos se trata de una interpretación de Oscar. Como mínimo debería ser candidata, luego ya veremos cuál es la competencia. De lo que no queda ninguna duda es de que Marion Cotillard, además de ser una de las mejores actrices del momento, es una mujer fascinante en todos los sentidos.

Ficha artística y técnica

Francia y Bélgica. Título original: De rouille et d’os. Dirección: Jacques Audiard. Interpretes: Marion Cotillard (Stéphanie), Matthias Schoenaerts (Alain van Versch), Céline Sallette (Louise), Bouli Lanners (Martial), Armand Verduse (Sam), Corinne Masiero (Anna), Jean-Michel Correia (Richard). Guion: Jacques Audiard y Thomas Bidegain; basado en la novela “De rouille et d’os”, de Craig Davidson. Producción: Pascal Caucheteux. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Stéphane Fontaine. Montaje: Juliette Welfling. Diseño de producción: Michel Barthélémy. Vestuario: Virginie Montel.

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