Cuando todo está perdido: El viejo, el mar y la esperanza

Es fácil sentir aprecio por una película que supone un desafío técnico y cinematográfico como Cuando todo está perdido, aunque, por desgracia, es probable que no llegue con facilidad a un público acostumbrado a otras cosas. Es verdad que películas de un único personaje (o casi) como Buried o Gravity han sido éxitos, pero esta apuesta de J. C. Chandor, en su segunda película tras la brillante e infravalorada Margin Call, radicaliza aún más el planteamiento. Sólo hay tres elementos en este filme que narra la odisea de un hombre después de que su barco sufra un accidente y tenga que luchar por su vida: el viejo (Robert Redford), el mar (y lo que conlleva rodar en ese escenario) y la esperanza (tema único de un filme que se resiste a dar más pistas sobre lo que está sucediendo más allá de ese sentimiento).

Robert Redford en Cuando todo está perdido ©Daniel Daza

Robert Redford en Cuando todo está perdido ©Daniel Daza

El viejo no podría tener más carisma. Robert Redford (Pacto de silencio), a pesar de que en los últimos años ha destacado más por su trabajo como director o como mecenas de su festival de Sundance, siempre ha tenido un aura de estrella con la que llena la pantalla. En esta ocasión lo hace literalmente, porque es el único actor de Cuando todo está perdido. Y sin apenas frases (lo más extenso que llega a decir en los 106 minutos de la película es el texto de la primera escena), lo que da a su interpretación un mérito enorme. Transmite exactamente lo que toca en cada momento y su mirada de ojos azules va transmitiendo en todo momento el grado de esperanza que tiene para salir con vida de la compleja situación que le ha tocado vivir. Siempre es una delicia ver a un clásico como él dar lo mejor que tiene.

El mar, el segundo gran elemento de la película, es el gran reto de Chandor. A Redford podía dejarle delante de la cámara que sabría salir de los apuros sin problemas, pero rodar una película en el mar tiene una dificultad técnica impresionante. Mucho más si encima la elección es esta, la de un único personaje. Pero Chandor, que ya evidenció en Margin Call estar más que capacitado para rodar escenas psicológicamente complejas, da una vuelta de tuerca a su cine y se convierte en un exquisito artesano de situaciones. La película tiene una dificultad enorme, pero como director acierta casi siempre en sus puntos de vista, en cómo zambulle al espectador en las situaciones que va viviendo “nuestro hombre” (así es acreditado Redford en el filme), con una capacidad técnica y narrativa admirable e irreprochable.

Robert Redford en Cuando todo está perdido ©Richard Foreman

Robert Redford en Cuando todo está perdido ©Richard Foreman

Y la esperanza es el tema de la película. Ya lo anticipa el título (el original, All is Lost es incluso más explícito), y es justo eso. Todo está perdido, e incluso se complica en cada escena, pero el protagonista utiliza todos los recursos a su alcance para sobrevivir. Quizá sea aquí donde la película flaquee ligeramente, porque, a pesar del enorme esfuerzo de Redford y de la enorme habilidad de Chandor, se echa en falta algo más de emoción humana. Hay tensión, hay imágenes brillantes, hay técnicas de rodaje fascinantes y el resultado es una película vibrante, hermosa e interesante, pero le falta algo de espíritu porque no se le da al espectador ni el más mínimo detalle para conectar con el protagonista a nivel emocional. Sí en su lucha, en su odisea, en su drama. Pero no directamente con él.

Esto, no obstante, es una clara decisión de autor, de Chandor como guionista y director, con lo que el éxito o el fracaso de esa decisión no reside en otro lugar que no sea el corazón de cada espectador. Habrá quien termine la película (y qué final más poéticamente debatible, por cierto) abrumado por la intensidad de la historia. Pero también habrá quien vea con más claridad los logros técnicos sobre los humanos. Lo que resulta indudable es que la película, con tan pocos elementos en la pantalla, tiene incontables puntos de interés. Y eso, en un filme que hace apuestas tan valientes e independientemente de la simpatía que despierte en cada espectador, es como para quitarse el sombrero.

Puntuación: 7/10

Ficha artística y técnica

USA. Título original: All is lost. Dirección y guion: J.C. Chandor. Interprete: Robert Redford (Our Man). Producción: Neal Dodson y Anna Gerb. Música: Alex Ebert. Fotografía: Fran G. DeMarco. Montaje: Pete Beaudreau. Diseño de producción: John P. Goldsmith.

 

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