Casa de tolerancia: El lugar te vigila

París, 1899. Contemplamos el cambio de siglo en un lupanar llamado “L´apollonide”. Las historias de las mujeres que allí trabajan avanzan por distintos caminos, duros, profundos y siempre interesantes, así como las de los clientes. Las dificultades económicas parecen precipitar el destino del lugar y sus habitantes, para los que el tiempo no parece venir con ningún avance de la mano.

Fotograma de Casa de la tolerancia

Fotograma de Casa de la tolerancia

Bertrand Bonello (Donde están los niños) nos habla en Casa de tolerancia del complejo mundo de la prostitución, y de cómo a penas ha evolucionado con el paso de los años. Para ello, parte de un momento temporal muy concreto, el cambio de siglo del XIX al XX, para llegar a la actualidad, o mejor dicho, mezclarlo con ésta, dejando patente el inmovilismo e incluso el retroceso que estas mujeres han vivido. El director pretende dotar de atemporalidad a la película, quizás con una intención de denuncia, y para ello utiliza algunas herramientas como la repetición desordenada de planos o la inclusión de piezas musicales actuales que crean una disrrupción temporal desde mi punto de vista demasiado chocante. Y no es que considere que la idea sea fallida, sino que estas escenas carecen del suficiente peso como para ser realmente importantes en la historia, quedándose en anécdotas sueltas un tanto superficiales; se aprecia la intención, pero falta radicalismo.

Uno de los aciertos del autor es la situación del punto de vista; es el lugar el que observa a sus huéspedes, el que los vigila escondido en sí mismo, desde la frialdad y superioridad que le otorga el saberse más fuerte, más duradero y más grande que todos los seres que corren por sus entrañas. Es la consciencia de sí mismo que tiene el propio edificio la que parece guiar e incluso esclavizar a las mujeres que allí trabajan y viven, incluida la Madame, que también pasa sus penurias sobre todo económicas. El contraste con esta oscuridad es evidente cuando, en un momento de la película, las protagonistas salen de excursión al campo, y disfrutan de bellos momentos en la naturaleza, lejos de sus rutinarias y complejas preocupaciones. La referencia a Picnic en Hanging Rock de Peter Weir parece más que evidente. Un contraste seguramente necesario para que veamos que estas prostitutas son personas totalmente normales, capaces de disfrutar de los placeres más comunes como el que más; y para dejar patente nuevamente la importancia del lugar de trabajo en sus vidas y en la película.

Otro punto fuerte del film es la fotografía y el apartado visual en general. Los encuadres y movimientos de cámara son sólidos y eficaces, y su “academicismo” combina muy bien con el sonido y la música, tan ajenos al tiempo en el que se desarrolla la historia, creando una sensación extraña y misteriosa a medio camino entre un sueño y un anuncio de perfume caro. El vestuario y el maquillaje son sobresalientes (premio Cesar2011 amejor vestuario), ayudando a crear imágenes poéticas a veces y casi siempre preciosas, ni excesivamente limpias, ni muy sucias, encontrando un equilibrio realmente difícil y elogiable. Toques modernistas e incluso pinceladas de belleza casi renacentista, propias de Boticelli, nos hacen apreciar la potencia y personalidad que cada una de las prostitutas llevan dentro…y fuera.

Fotograma de Casa de la tolerancia (2)

Fotograma de Casa de la tolerancia (2)

Las interpretaciones, todas muy correctas y hasta destacables, contribuyen a que nos identifiquemos no con uno, sino con varios de los personajes que desfilan ante nuestra mirada. No tendría sentido repasar cada uno de los papeles, pues no se puede decir que haya uno protagonista que destaque mucho del resto; todos aportan algo de valor a la obra, otra vez, a modo de pinceladas sueltas, y es que esta película es muy pictórica. Sentimos impotencia por la mujer maltratada, lástima por la enferma, comprensión por la depresiva, sorpresa por la más joven y su saber innato… y admiración por todas. Bonello sabe hacer muy bien esto, sin caer en excesivos tópicos, sin presentarnos a estas mujeres como princesas de cuento ni heroínas, simplemente personas que comprender y respetar. Sin embargo, uno de los personajes, que sufre una lesión física por parte de un cliente, destaca de manera somera del resto. Y es éste uno de los errores de la película; su historia se nos describe a través de sueños y recuerdos, pero en algunos momentos la imagen habla demasiado, perdiendo la sutileza que sí tiene en otros. Además, el hecho de que destaquen ligeramente las vicisitudes  de esta prostituta está mal medido; ni es la protagonista, ni es una más de la casa, quedándose en unas arenas movedizas siempre fatales. Se advierte un encogimiento de mano del director, una duda, una nueva falta de fuerza y seguridad. Un pequeño signo de quiero y no puedo, quizás.

Casa de tolerancia es una película elogiable y al mismo tiempo fallida. Muchos son sus puntos fuertes, ya contados, y que se salen de cualquier estándar hollywoodiense que se estrene estos días; sin embargo, para el espectador un poco avezado, curado ya de espanto ante cualquier atrevimiento moderno o insolente, la película se puede quedar en un terreno de nadie, a medio camino entre lo convencional y lo arriesgado, con lo peligroso y fatal que resulta esto casi siempre para una obra artística; no sé si todo se debe a una falta de confianza del director para transgredir más profundamente, o a impedimentos de productores y demás tinglados no tan atractivos. El caso es que he visto a través de una rendija en un poderoso lugar, a un grupo de mujeres a cuál más interesante, a las que me gustaría escuchar de su voz sus preocupaciones e historias sin pestañear…y como Bonello evidencia, esas mujeres siguen existiendo tal cual o en peores condiciones más de un siglo después.

Lo mejor: El apartado visual, fotografía y vestuario.

Lo peor: Indefiniciones un poco caóticas, momentos videoclip superficiales, que dejan a la película en una tierra de nadie peligrosa.

Puntuación: 7/10

Ficha artística y técnica

Francia. Título original: LApollonide (Souvenirs de la maison close). Dirección y guion:Bertrand Bonello. Interpretes: Jasmine Trinca (Julie), Adele Haenel (Léa), Noémie Lvovsky (Marie-France), Céline Sallette (Clotilde), Alice Barnole (Madeleine). Producción: Bertrand Bonello y Kristina Larsen. Música: Bertrand Bonello. Fotografía: Josée Deshaies. Montaje: Fabrice Rouaud. Diseño de producción: Alain Guffroy. Vestuario: Catherine Werner-Schmidt.

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