Buscando a Eimish: Amor “indie”de los chinos

Eimish y Lucas son una joven pareja con distintas necesidades. Ella pretende dar un paso más en la relación, y ante la aparente negativa de él, decide huir sin dejar a penas rastro. Lucas queda desconcertado y decide perseguir a su novia a lo largo del pasado de ésta, viajando a Alemania e Italia, donde están los restos de la “familia” de Eimish. En este viaje, comprenderá lo que ella le pedía, y lo que él está dispuesto a ser.

Manuela Vellés en Buscando a Eimish

Manuela Vellés en Buscando a Eimish

Hay algunas buenas intenciones en esta película, de ahí que no suponga un descalabro total. Entre ellas, la principal es el intento de redefinir algunos conceptos que han permanecido un tanto anquilosados pese al paso del tiempo; véase la familia y el amor. La directora nos habla de cómo uno puede elegir a una parte de su familia, considerando hermano o primo a una persona con la que no tiene ningún parentesco, de cómo puede existir un tipo de amor sin ningún lazo sexual entre hombre y mujer; de cómo cierta generación tiene que convivir con los dogmas establecidos por generaciones anteriores y lucha contra ellos, a veces de un modo autodestructivo, sin darse cuenta de que lo que tiene que hacer es reconstruir esos dogmas, en vez de simplemente negarlos. Lo que sucede aquí es que todo esto está revestido de una modernez que, además de ya vista, resulta falsa. La protagonista, Eimish, tiene un pasado calcado al de algunas jóvenes estrellas de la canción en este país (Russian Red y todas las que han seguido el tirón), hace una música demasiado parecida, y la banda sonora que suena durante toda la película recuerda muy mucho a algunos acordes de Sigur Ros, grupo muy de moda en cierto espectro indie de la juventud no tan joven. Si no has podido contratar a estos artistas o conseguir derechos sobre alguna de sus canciones, utilizar sucedáneos hace que cualquier atisbo de seriedad sea imposible. Al final, la película resulta un pastiche de referencias que nos hablan del buen gusto de la autora, pero también de su falta de estilo. Al problema relacionado con la música, demasiado importante en este film, podríamos añadir la fotografía, muy a la última con “filtros instagram”, o el personaje del vagabundo, que no aporta nada más allá de mostrar cuál es el futuro del personaje que vive con él si no cambia de actitud, y que de vez en cuando lee unos versos “geniales” que resumen lo que les sucede al resto de personajes; eso sí, caza moscas con la mano porque está muy loco. Por la parte positiva, hay que destacar ciertos momentos de sonrisa, no carcajada, que quitan pretensiones a la película y la acercan a un mundo más terrenal; la lástima es que algunos de estos momentos no causan risa adrede, si no más bien por lo inverosímil de la situación…

Óscar Jaenada en Buscando a Eimish

Óscar Jaenada en Buscando a Eimish

El grupo de actores en general cumple con su papel; Óscar Jaenada(¡Atraco!) resulta casi siempre creíble dentro de lo increíble que resulta su reacción ante los hechos, problema de guión, y cada vez que pronuncia el nombre de su amada hace que el espectador se pregunte si no había otras opciones que no obligaran al actor a realizar una pseudoimitación de Mariano Rajoy cada vez que la menciona. El caso de Manuela Vellés (Secuestrados) es distinto; ya sacó de quicio a más de uno en Caótica Ana con ese aire de ser vaporoso, que vive con un pie en la tierra y el otro vete a saber en qué mundo de algodón y pajaritos. Si te identificas con este tipo de personajes, lo disfrutarás, pero a poco que te rechinen, habrá momentos en que directamente tengas que apartar la vista de la pantalla. El caso es que parece que estos personajes le vienen muy bien a esta actriz, puesto que no es la primera vez… El resto de protagonistas sobrevive a situaciones algunas veces demasiado difíciles de creer, lo que habla bien de ellos; es el caso de Carlos Leal (Casino Royale), un exnovio de Eimish, que sin comerlo ni beberlo se ve metido en líos que no había buscado y que no tendrían que ser tales, y sale de ellos con admirable tranquilidad y saber hacer; Jan Cornet (La piel que habito) es un viejo amigo de la protagonista un poco sobreactuado, que fuma demasiado, que está terriblemente perdido y que quizás debería aportar algo de humor a la historia, como buen amigo fumeta, pero que aquí está más cerca de monje zen que de otra cosa, aunque con un aire autodestructivo que podría haber sido interesante, que se queda simplemente en una misión que Eimish deberá resolver. Emma Suárez (Sobreviviré)es la madre de Eimish, o lo que queda de ella; nunca quiso tener a su hija, y ésta la enterró en vida. Visualmente resulta creíble y cercana a la imagen que la directora seguramente pretendía mostrar, y aporta cierta seriedad y saber hacer en los momentos en que aparece, pero parece fuera de lugar entre el resto de personajes un tanto inmaduros.

Buscando a Eimish es una película que plantea algunos temas interesantes, como los problemas que aparecen cuando en una pareja los protagonistas están en momentos diferentes de su vida, se aman a destiempo; o la necesidad de los jóvenes de replantearse si aquello para lo que han sido educados es realmente el único camino posible y el mejor dadas las actuales circunstancias; o la importancia de la familia, que aunque deba cambiar su concepto y lo esté haciendo, siempre será un apoyo en las situaciones de emergencia y un grupo de personas con las que festejar las alegrías. Pero todo esto queda eclipsado por un ambiente demasiado falso, pretendidamente moderno, por momentos ñoño e inverosímil, lleno de referencias interesantes pero que le restan personalidad y estilo propios a la película; a ratos un capricho de adolescente que no debe ni puede ser tomado muy en serio. Las personas con gustos parecidos a los que se intuyen en la directora sabrán ver esto, y algo les dice que han ido a su yugular, lo que normalmente no es bien recibido; las que no conozcan o no simpaticen con las referencias que se muestran, quizás sean más libres para disfrutar con la obra, aunque será difícil escapar de ese aire edulcorado y “moderno” que acaba resultando frío.

Lo mejor: La película trata algunos temas interesantes, como la necesidad de repensar algunos conceptos demasiado establecidos, como la familia o las relaciones de pareja.

Lo peor: La directora expone con demasiada evidencia sus gustos y referencias, sin mostrar su verdadero estilo, si es que lo tiene. Las situaciones revelan cierta inmadurez, a veces capricho, y resultan excesivamente poco creíbles. Al final, todo parece una copia de aquellas cosas que triunfan en lo que conocemos por “indie”, y no algo que pueda triunfar por sí mismo.

Puntuación: 4/10

Ficha artística y técnica

España y Alemania. Dirección y guion: Ana Rodríguez Rosell. Interpretes: Óscar Jaenada (Lucas), Manuela Vellés (Eimish), Jan Cornet (Roberto), Emma Suárez (Valeria), Carlos Leal (Kai), Clara Würnell (Jana), Birol Ünel (Lupô). Producción: Ana Rodríguez Rosell. Música: Antonio Escobar. Fotografía: Pau Mirabet. Montaje: Cristina Pastor. Diseño de producción: Gustavo Ramírez. Vestuario: Laura Renau.

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