Brooklyn: Directa al corazón

Brooklyn es esa película pequeña que consigue colarse entre las nominadas a mejor película y, en muchas ocasiones, nadie sabe el motivo. Es cierto que, quizás al inicio, la cinta pueda echar para atrás a los más escépticos al pensar que van a ver una simple historia de amor sin mucho más que ofrecer. Y estarían equivocados a medias. Brooklyn es una historia de amor, pero también es un canto al amor hacía nuestra tierra, nuestras raíces y nuestra familia. Todo en Brooklyn se respira en melancolía, incluso en su forma de ser ejecutada, al más puro estilo del Hollywood clásico. También puede que me esté ablandando sobre manera, pero Brooklyn ha conseguido removerme algo por dentro, y cuando una película lo consigue las alabanzas se quedan cortas.

Saoirse Ronan en Brooklyn

Saoirse Ronan en Brooklyn

Si algo le agradezco a Brooklyn es que se tome su tiempo y me presente a los personajes, que vaya rápida, pero a la vez sea detallista, y que omita en lugar de alargar en exceso. Todo ello ayuda a que el ritmo de la película sea maravilloso. En ningún momento estás pendiente del tiempo que queda o te distraes por cualquier tontería, en todo momento estás pendiente de lo que le ocurre a nuestra protagonista. Con ello quiero decir que sufres, que lloras, que ríes y te emocionas al mismo tiempo que ella. El nivel de empatía es tal, que incluso te indignas en ciertos momentos con el comportamiento del personaje de Eilis. Pero al final todo vuelve a su cauce y tu estado anímico se vuelve a estabilizar dando gracias. Pero cuando piensas que todo está bien, una lágrima ya ha comenzado a resbalarse por la mejilla sin intención de detenerse.

La crítica fácil a Brooklyn podría hacerse en que la segunda mitad de la cinta tira por tierra los objetivos que nuestra protagonista se marcaba al inicio de la misma. Pero yo defenderé esta parte. La segunda mitad de la cinta, la historia nos envuelve en la nostalgia de nuestro hogar, quiere hacernos ver que, aunque nos vayamos lejos a vivir, trabajar o de paso, tarde o temprano volvemos a nuestro lugar de origen, aunque sólo sea de paso. Pero claro, allí hemos dejado amigos, familiares y conocidos que intentarán que no volvamos a nuestro nuevo hogar ¿Lo conseguirán? No lo sé, mirad vosotros mismo. Esta parte es cierto que introduce un poco con calzador ciertos temas, pero son solventados porque la historia nos ha cogido, nos ha sacudido y no nos va a soltar.

Saoirse Ronan y Domhnall Gleeson en Brooklyn

Saoirse Ronan y Domhnall Gleeson en Brooklyn

Y al frente de todo esto esa belleza llamada Saoirse Ronan (Lost River). Ronan ha evolucionado como actriz de forma magistral. No sólo fue una promesa que había que tener en cuenta (aún recuerdo descubrirla en El novio de mi madre), sino que en muchas ocasiones se convierte en una actriz capaz de hacer sombra a hitos de la interpretación (como en Hanna o La huésped). En Brooklyn ella es la película. Su forma de dotar ternura a la cinta es única, la ves y parece que se va a romper, pero tiene tanta fuerza que en ocasiones te atemoriza. Una auténtica estrella en alza. Brooklyn es una maravilla de principio a fin. Es la más tierna historia de amor y de amor al hogar que se puede ver en pantalla. Simplemente déjense llevar por la historia y Brooklyn se lo entregará todo. Maravillosa.

Lo mejor: La forma en que la historia te atrapa. Saoirse Ronan.

Lo peor: Que dure dos horas, podría estar más tiempo mirando la pantalla.

Puntuación: 9/10

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