Barry Seal: El traficante: El sueño americano patrocinado

Tras el buen sabor de boca que dejaron al trabajar juntos en Al filo del mañana, su director Doug Liman (Caza a la espía) vuelve a reunirse con la mega estrella Tom Cruise (La momia) para firma de las propuestas más interesantes de la temporada Barry Seal: El traficante. La cinta se basa en hechos reales (un poco aderezados con comedia) y sirve como complemento perfecto para los fans de la serie de Netflix Narcos. A Cruise le acompañan en el reparto la guapa Sarah Wright (Vaya resaca) y el siempre correcto Domhnall Gleeson (El renacido).

Tom Cruise y Domhnall Gleeson en Barry Seal: El traficante

Tom Cruise y Domhnall Gleeson en Barry Seal: El traficante

Barry Seal era un “pobre diablo”, que trabajaba a jornada completa como piloto comercial en la TWA, a principios de los años 80. La frustración y el cansancio le llevan a aceptar una oferta de la CIA, para hacer fotos aéreas de los campos donde se entrenan las guerrillas de Sudamérica. Más tarde los vuelo fotográficos se complicaron y acabó transportando armas, cocaína… e incluso guerrilleros. Esta es la premisa de Barry Seal: El traficante, una cinta muy entretenida que apela al humor de la situación y las circunstancias, para enmascarar un tema muy serio que cuenta de fondo. El guión del desconocido Gary Spinelli (La casa de seguridad) juega mucho con los chistes y las risas para denunciar como Estados Unidos financia a las guerrillas y toma parte en cadena del tráfico de drogas, mientras que en la televisión sus presidentes defiendo todo lo contrario. Indudablemente la cinta deja ese poso sobre si lo que acabamos de ver es más que posible que esté ocurriendo otra vez (o mejor aún, nunca dejó de ocurrir).

Liman dota a la cinta de ese ritmo imparable que también le ha sentado a toda su filmografía. Desde ese logo de la Universal actual que se fusiona con el de los años ochenta (y con un créditos al más puro estilo VHS) hasta ese final con reflexión, sus 115 minutos pasan volando (valga la redundancia). Liman consigue transportarnos esa época dorada a través de la música, el ambiente, el vestuario… todo funciona a la perfección. Barry Seal: El traficante nos deja grandes escenas como cuando Seal conoce a los hermanos Ochoa y a Pablo Escobar o aquella en la que es detenido y sale impune de los cargos frente a la mirada de varias agencias gubernamentales americanas.

Tom Cruise y Sarah Wright en Barry Seal: El traficante

Tom Cruise y Sarah Wright en Barry Seal: El traficante

Cruise está estupendo y es increíble que a su 55 años parezca más joven que el resto del reparto. El actor neoyorkino sabe como meterse al público en el bolsillo con esa mirada que le ha caracterizado siempre. Gleeson vuelve a demostrar que es una de los mejores secundarios de su generación. Aquí no solo le da la réplica a Cruise estupendamente, sino que encima es capaz de parecer más viejo que él. Wright luce muy mona, pero vuelve a ser la chica florero de la cinta. Mención especial para el siempre inquietante Caleb Landry Jones (Déjame salir), aquí interpretando al paleto hermano de Wright, que no tiene desperdicio. Sus escasas apariciones son de aplauso (atentos a cuando llega a casa con una menor).

Después del desastre que supuso La momia, Cruise tenía que recuperar el prestigio perdido y lo mejor es rodearse de buenos amigos que le hagan cintas a su medida. Este Barry Seal: El traficante es una muestra de ello. La cinta funciona, entretiene y da lugar a la reflexión. Muchos la comparan con El lobo de Wall Street, con la que nada tiene que ver, pero claro esa estética, esa música, esa época…. y ese montaje al más puro estilo Tío Marty, las hace emparentar.

Lo mejor: Entretenida, divertida y con un poso al final muy interesante.

Lo peor: Estamos tan acostumbrados a este tipo de historias que no terminan de sorprendernos.

Puntuación: 8/10

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