Altamira: Luces y bisontes

El descubrimiento de las archiconocidas cuevas de Altamira y su posterior autoría es el argumento central de Altamira la nueva película del director ingles Hugh Hudson (Carros de fuego) que además cuenta con la figura del actor Antonio Banderas (Autómata) como mayor reclamo. A priori Altamira puede llamar la atención por el tema que toca, pero se queda en una experiencia más cerca a un ridículo telefilm de sobremesa donde nada funciona como debería y sus ajustados 97 minutos pesan como una losa.

Antonio Banderas en Altamira

Antonio Banderas en Altamira

Altamira cuenta la historia de cómo Marcelino Sanz de Sautuola encontró, junto a su hija, las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira. Al presentar en sociedad el descubrimiento y decir que era obra de nuestros antepasados muchos le tildaron de mentiroso, y no fue hasta años después de fallecer, que le dieron la razón. Este es básicamente el argumento de la cinta que viene a tratar el interesante tema nacional de que solo valoramos lo que tenemos cuando su responsable ha fallecido. El caso es que el guión no da para un largometraje, y han querido apoyar la trama principal en subtramas como la que incluyen a la mujer de Marcelino y la iglesia, algo que no termina de interesarnos del todo. Quizá la trama más interesante es la relación del propio Marcelino con su familia, y más concretamente con su hija, pero esta es eclipsada por el resto.

Sorprende que un director tan veterano como Hudson no se haya molestado ni un atisbo en añadir algo de personalidad a la dirección de Altamira. La cinta resultan más plana de lo imaginado. Predominan los planos generales para situar la acción y ya dentro de la escena unas sencillas tomas cortas para narrar la acción . Los movimientos de cámara se pueden contar con los dedos de una mano. Y donde realmente se debería lucir (mostrando las pinturas rupestres) tampoco lo aprovecha. No tenemos la sensación de estar frente a algo majestuoso con son estas pinturas de nuestros ancestros. Ni siquiera eso planos de bisontes en la niebla ayudan a dar un poco de personalidad a la cinta.

Tampoco ayuda que la fotografía de José Luis Alcaine (Los amantes pasajeros) ilumine más la escena que las luces de Madison Square Garden. Parece que estamos ante una serie de Telecinco. No quiero decir que sea mala iluminación, sino que no es la adecuada para este tipo de cinta.

De la interesante banda sonora que aporta el ex guitarrista y cantante de Dire Straits, Mark Knopfler (La princesa prometida) hablamos otro día, pues en la cinta queda bastante mal, pero escuchada fuera de su contexto es una autentica delicia. Otro ejemplo más de mucho talento en un mismo proyecto pero sin saber ponerlo en sintonía.

Rupert Everett en Altamira

Rupert Everett en Altamira

Lo más acertado de la cinta es quizá la pareja protagonista. Banderas siempre es un tipo resultón. Quizá no sea un el mejor actor del mundo, pero se nota cuando esta a gusto con un papel, y aquí los momentos que tiene con su hija en la ficción son bastante sinceros. Quien lleva sorprendido una década y no se hace alarde de ello es Golshifteh Farahani (Exodus: Dioses y reyes), que aquí resulta bastante sorprendente. De acuerdo que es una película dirigida a un público anglosajón, pero esta chica nos cuela como mujer de un español. Por otro lado, Rupert Everett (La boda de mi mejor amiga) resulta una caricaturesco haciendo de villano. No termina de convencer ni pare dar miedo ni para generar controversia. Su villano parece un dibujo animado, incluso recuerda a el juez Frollo de la versión Disney de El jorobado de Notre Dame.

En resumen, Altamira es un cinta ambiciosa dirigida a un publico extranjero (otro día hablamos de usar periódicos españoles en ingles y poner todos los carteles de una ciudad como Santander en ingles). Para un publico nacional puede resultar curiosa en sus primeros minutos, pero luego la historia no da para más, y que la puesta en escena y escenografía resulte tan artificial no ayuda mucho.

Lo mejor: La pareja protagonista.

Lo peor: Que todo lo demás chirría bastante.

Puntuación: 3/10

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