Aguas tranquilas: Lirismo incompleto

Es difícil no ver la belleza que encierra el cine de Naomi Kawase (El bosque del luto), pero al mismo tiempo es complejo no tener la sensación durante muchos momentos de su última película, Aguas tranquilas, que esa es una belleza algo más vacía e inocua de lo que parece, que es un cine menos profundo de lo que en realidad da a entender. Moviéndose en los terrenos que más cómodos le resultan, los de la vida y la muerte, el amor y la familia, Kawase crea imágenes poderosas y hermosas, aunque no siempre logrando que sus metáforas entre la naturaleza y sus personajes funcionen como le gustaría, pero también es la suya una historia pausada hasta sembrar una lentitud excesiva que provoca que se tarde bastante en entrar en el relato, antes de llegar, eso sí, a una brillante resolución que encierra los mejores minutos de la película. El de Aguas tranquilas es, por tanto, un lirismo incompleto.

Nijirô Murakami en Aguas tranquilas

Nijirô Murakami en Aguas tranquilas

Lo mejor se ve efectivamente en esa media hora final, que es donde todo lo que plantea Kawase llega a su máxima expresión. Es ahí donde rompen el amor, los miedos, las frustraciones, donde los secretos se rebelan y los sentimientos salen con una fuerza inusitada del interior de cada personaje. Es donde las metáforas de la naturaleza suenan con más fuerza, cuando la tormenta que genera problemas en la isla que sirve de escenario se une al estallido emocional que hay en todos los protagonistas, y además de formas muy diferentes. Es donde revientan con intensidad los conflictos que la autora ha cocinado muy lentamente, aunque no siempre de una forma clara. Y es donde se siente una presencia mucho más contundente de la historia, de los personajes y del bagaje psicológico que arrastra cada uno de ellos, superando con creces la fase de su exposición.

La película arranca con una muerte aparentemente violenta, pero es un ejemplo de los elementos que Kawase deja de lado porque no pueden evolucionar al mismo ritmo que se plantea el filme. Esa irregularidad es lo que deja una sensación de obra incompleta, bien porque falten elementos o porque la exposición de los que sí pasan el corte no sea del todo acertada. Es ahí cuando comienzan a verse los maravillosos planos del entorno natural que rodea a los protagonistas, por mucho que se pueda discutir si eso es mérito de su belleza intrínseca o de la cineasta. Pero es también ahí, pasando a lo más positivo, cuando Kawase comienza a construir con mimo los perfiles de los protagonistas, dos adolescentes entre los que comienza a construirse una evidente relación amorosa que acaba siendo el eje emocional de una película aparentemente compleja en ese terreno pero que no termina de explorar todas sus posibilidades, de nuevo, hasta el final.

Jun Yoshinaga y Miyuki Matsuda en Aguas tranquilas

Jun Yoshinaga y Miyuki Matsuda en Aguas tranquilas

Nada de lo expuesto anteriormente supone una sorpresa, ni siquiera para quienes no conozcan demasiado a la directora del filme. Ciñéndonos a los tópicos sobre el cine oriental, Aguas tranquilas los cumple en cuanto al ritmo, pero también en lo que atañe a su sensibilidad. Y también encaja plenamente en el cine de Kawase, que otras veces ya ha explorado esa dicotomía entre la vida y la muerte. Pero quizá la película pedía romper emocionalmente mucho antes de lo que lo hace. Cuando acelera, convence y conmueve. Antes de eso ofrece mucha belleza, mucha poesía si se quiere y aunque la metáfora no siempre cale, pero que por ejemplo los mejores planos acuáticos estén en sus minutos finales evidencia que otro ritmo era posible también en los tramos más lentos de la historia. Quizá así la película habría llegado con más facilidad a un público más diverso, pero los ya convencidos de antemano saldrán más que satisfechos de la experiencia.

Puntuación: 6 / 10

Ficha artística y técnica

Japón, España y Francia. Título original: Futatsume no mado. Título internacional: Still the Water. Dirección y guion: Naomi Kawase. Interpretes: Nijirô Murakami, Jun Yoshinaga, Miyuki Matsuda, Tetta Sugimoto, Makiko Watanabe, Jun Murakami, Hideo Sakaki. Producción: Takehiko Aoki, Naomi Kawase y Masa Sawada. Música: Hashiken. Fotografía: Yutaka Yamazaki. Montaje: Tina Baz y Naomi Kawase.

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